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TV/Televisión - 1 semana ago

Nuevo golpe para Raquel Morillas: despedida y con su novia ingresada de urgencia

Raquel Morillas y su novia Noah.

La exconcursante de ‘Gran Hermano’ desvela a JALEOS que además de su adversa situación personal y laboral también tiene un inquilino que le debe 11.000 euros de alquiler.

Raquel Morillas (43 años) vuelve a encontrarse en una nueva encrucijada personal. La que fuera una de las protagonistas de la tercera edición de Gran Hermano aún no se ha recuperado del susto que le provocó ver a su novia, Noah, con la cara completamente inflamada, fruto de una grave infección bucal. 

Tal y como desvela a JALEOS, “Noah tenía una infección en la boca y le tenían que sacar la muela de juicio. El dentista, después de casi dos semanas dándole antibióticos, decidió sacarle la muela. Se le inflamó muchísimo. De la noche a la mañana se despertó con la cara como Don Pimpón y me di cuenta de que tenía todo inflamado: no solo la cara sino el cuello y hasta el pecho. Me acojoné cuando la vi”. 

Raquel Morillas y Noah en el camerino antes de ser entrevistadas en ‘Deluxe’.

La pareja tomó medidas y tras varios viajes al ambulatorio y al hospital de Elche, acabaron en el Universitario de Alicante. “El jueves pasado nos fuimos al hospital de Elche y ya allí la dejaron ingresada porque tenía una infección muy grave. De allí nos mandaron al hospital de San Juan. Llevamos más de una semana aquí y ha sido un gran susto. Cuando la vio la doctora maxilomacial se asustó y la mandó urgente a hacerse un escáner porque pensaban que había que operar. Le dijo que si llega a ir tres días más tarde no lo cuenta“, relata a ese periódico. 

Desde el pasado 28 de febrero, Raquel y Noah se encuentran en el Hospital Universitario San Juan de Alicante. Cuatro días después de ingresar, Morillas tuvo que lidiar con una desagradable situación con una trabajadora del centro clínico. Cansada después de tres noches durmiendo en un sillón, decidió “sentarse” en la cama contigua a la de su novia. “La cama estaba vacía, yo entiendo que si viene un enfermo es prioridad. Estaba apoyada, sentada, pasó una que no es ni enfermera ni hostias, me miró con una cara que le faltó escupirme y me dijo ‘ahí no te puedes sentar’. Fueron las formas, entonces puse unos hashtags en Instagram, que yo no sé ni lo que son los hashtags, y dije #ascodeenfermeras #quémaníaosestoycogiendo, y se lió mucho. Pero lo decía solo por las formas”. 

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Buenos días a [email protected],no imagine q se pudiera liar la q se lio ayer con mi mensaje, pero entiendo q los hashag q puse fueron muy mal educados y quería disculparme. Entiendo q la cama esta para el enfermo y q si yo decido quedarme en el hospital, lo hago con todas las consecuencias, n para estar como una reina, me quejaba de las formas q tuvo en decirme q me levantará de la cama y me quejaba de él trato recibído por mi pareja y la compañera de habitación el fin de semana, sobre todo con respecto al medicamento. Yo he estado ingresada millones de veces y n tengo queja alguna, pq siempre me han tratado muy bien. Siento de corazón las palabras q utilice para terminar mi mensaje, pq estaban fuera de lugar. Mi queja vuelvo a repetir, n fue por la cama, fue por el trato durante todo el fin de semana en este hospital. Y aún así, tampoco todas fueron iguales, pq había algunas muy buenas haciendo su trabajo. #faltapersonaldesanidad #enfermeras #siempreunasonrisa #vivalossillonesdehospital

Una publicación compartida de Raquel Morillas (@rmorillas35) el 4 Mar, 2019 a las 11:12 PST

Ocho días de ingreso hospitalario donde lo peor para Raquel todavía estaba por llegar. La madrileña recibió una llamada de su delegado en la que le informaban de que le llevarían al hospital una documentación para firmar: era su despido. “El viernes, un día después de ingresar, hablé con mi delegado que me dijo que había hablado con mi jefe y que venía a verme al hospital. Pensé ‘viene a echarme, viene a despedirme'”. Y así fue. Raquel ha perdido su trabajo como teleoperadora y en la actualidad cuenta únicamente con algo más de un año de paro, cuya mensualidad apenas supera los 800 euros

Pero la situación se agrava aún más cuando la excolaboradora desliza a este medio que el inquilino que vive en su casa de Castelldefels no le paga desde hace más de siete meses. “Yo pago 1.400 euros al mes entre hipoteca y comunidad, el inquilino, que no me paga desde agosto, me tiene que dar 1.900. Tú me dirás cómo salgo yo de esto. Con todo lo del tema del juego, pues yo vivo un poco al día. Tengo una vida normal, pero claro, si tú tienes de gastos 2.500 euros y cobras 1.200, pues tenemos un problema… Este hombre me debe 11.000 euros, por supuesto ya hay denuncia y todo”.

Raquel Morillas en una fotografía de sus redes sociales.

Raquel Morillas desvela a este diario sus intenciones más sinceras. Su prioridad es la recuperación de Noah, a la vez que encuentra un puesto de trabajo. En la misma línea, quiere que el inquilino de su casa le pague lo adeudado y tras haber resuelto esas circunstancias, pretende vender su casa de Castelldefels. “Quiero vender la casa, aunque le pierda dinero, pero quiero comprar un pisito aquí en Santa Pola, que es donde tengo mi vida, y ser feliz. Y a vivir que son dos días”. 

[Más información: Raquel Morillas: “He llegado a gastar 1.000 euros en una mañana en la ruleta. Ya estoy recuperada”]

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