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TV/Televisión - 12.03.2019

La pulla feminista de Pérez-Reverte a quiénes le acusaron de machista en el 8-M

Arturo Pérez-Reverte en 2018 y en 1980. EP / Zendalibros.com

En la Jungla. El novelista y periodista recupera un reportaje de 1980 en el que denunciaba la mutilación vaginal y la compraventa de mujeres en África.

A raíz de su enconada batalla contra la «perspectiva de género» en el lenguaje, el académico y escritor Arturo Pérez-Reverte ha sufrido en sus carnes toda la variedad de calificativos que censuran el machismo: sexista, machirulo, cuñadocipotudo incluso… Unas acusaciones a las que se han sumado las de islamofobia tras una polémica sobre maestras con hiyab y feminismo.

El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y de Huelga Feminista, Pérez-Reverte también tenía algo que decir. Pero lo ha hecho de una forma inusitadamente sutil, que ha pasado desapercibida más allá de sus seguidores más fieles, y que ha decepcionado a quienes esperaban que entrase al trapo de la provocación de Unidas Podemos instándole a ceder su asiento de la RAE a una académica.

El mensaje feminista del autor cartagenero lleva escrito, en realidad, cerca de cuatro décadas, y así lo hizo saber: «Cuando algunos aún no habían nacido», subraya ante la juventud del 8-M como movimiento de masas, «otros ya hablábamos de estas cosas». ¿A qué cosas se refiere? A los abusos contra los derechos de la mujer en el mundo, a la violencia sexual y a la objetivización y mercantilización de chicas incluso menores de edad.

Una mujer cuesta diez camellos. O al menos los costaba en 1980, cuando algunos aún no habían nacido y otros ya hablábamos de estas cosas.
https://t.co/1J95BIPJsV

— Arturo Pérez-Reverte (@perezreverte) 8 de marzo de 2019

Así lo recogía un reportaje en dos entregas que Pérez-Reverte firmó en 1980 y que tituló Así se fabrica una doncella y Así se compra una esposa. Actualmente, se puede leer tanto en PDF como en su sitio, Zenda. La primera parte abordaba el drama de la ablación del clítoris en toda su brutalidad e hipocresía: 

«A la mujer se la circuncida para que en ella la sexualidad ocupe un plano íntimo y no exista la palabra maldita: excitación. El clítoris constituye un elemento de placer para la mujer, y el hecho de que esta goce con el acto sexual no es sólo poco adecuado socialmente, sino que pone en seria duda, para un esposo de pro, la condición moral de su cónyuge».

La segunda, publicada en el diario Pueblo del que era corresponsal, describe las bodas por compromiso y se adentra las diferentes realidades de la condición de las mujeres en las distintas naciones de mayoría islámica.

Es en el mundo árabe donde con más intensidad se manifiesta este problema: la mujer queda reducida al carácter de mercancía, que se devalúa con el uso. Salvo contadísimas excepciones, basta darse una vuelta por las calles de cualquier ciudad, de Rabat a Kabul, para comprender el escaso prestigio que la condición femenina posee a ojos del varón. Sin embargo, el Islam es extenso, y no en todas partes se aplica con el mismo rigor (…) De todas formas, y según los especialistas, la mujer negra o asiática, a pesar de ser musulmana, nunca ha sufrido tantas inhibiciones como la árabe, en la que una sexualidad mediocre e incompleta suele ser la tónica habitual. 

El artículo se cierra con una imagen que ha conmovido al joven reportero: en Bagdad, Irak, observa a unas mujeres fumar en la calle, un gesto de independencia raro en Oriente Medio. Su acompañante iraquí le hace notar que tienen 40 o 50 años y por lo tanto ya no constituyen un «objeto sexual» a ojos de los hombres. Pueden permitirse por lo tanto lo que para otras sería un escándalo.

No es la primera vez que Pérez-Reverte ha usado su cuenta de Twitter para echar una mirada nostálgica a su etapa de corresponsal en los ochenta. Una portada de ABC sobre la Marcha Verde lo muestra a bordo de los todoterrenos del Ejército Español el 6 de noviembre de 1975, cuando tenía 23 años.

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