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TV/Televisión - 23.06.2019

El vuelo MH370, el ataúd con alas de 238 pasajeros: el piloto depresivo les dejó sin oxígeno y se estrelló

Zaharie , el piloto del MH370, junto con su mujer y su hijo

Cinco años después de la desaparición del avión malasio, una investigación concluye que el capitán padecía una depresión y fue el causante.

Los pasajeros del vuelo MH370 de la compañía aérea Malasia Airlines contemplaban a través de las ventanillas de la nave una noche tranquila, iluminada por la luna de aquel 8 de marzo de 2014. El Boing 777 había despegado sin sobresaltos a las 0:42 horas desde Kuala Lumpur rumbo a Pekín. Todo parecía apacible y discurrir según lo previsto. Pero no había transcurrido ni una hora cuando, de repente, se hizo la oscuridad, saltaron las luces de emergencia y las máscaras de oxígeno se descolgaron del techo sobresaltando a los 238 pasajeros y tripulantes.

Cabe imaginar que pese al pánico, y siguiendo las instrucciones de seguridad, se colocaron el dispositivo y empezaron a respirar a través de aquellos tubos. La cabina se había despresurizado. En aquel momento, el avión sobrevolaba a más de 12.000 metros de altura. A partir de los 4.000, el aire ya es irrespirable.

A pesar al susto, la aeronave no parecía sufrir ningún problema. Nada indicaba tampoco que se estuviera iniciando un descenso de emergencia.Y sin embargo, al cabo de un cuarto de hora, los ocupantes de aparato estaban muertos. Las reservas de oxígeno se habían agotado para todos. Para todos, excepto para el piloto al mando, Zaharie Ahmad Shah, quien a sus 53 años era uno de los capitanes más importantes de la aerolínea. Ahora además era el único tripulante con vida del MH370, convertido ya en un ataúd con alas a la espera de agotar el combustible para lanzarse directo al océano.

Detengámonos aquí para aclarar que por ahora, nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió en el interior de este vuelo antes de que se desvaneciera en los cielos asiáticos hace más de cinco años. La caja negra, así como el grueso de los restos de la tragedia, nunca aparecieron. Seguimos, por lo tanto, ante a uno de los mayores misterios de la historia de la aviación internacional.

Zaharie , el piloto del MH370, junto con su mujer y su hijo.

No obstante, un nuevo e inquietante informe apunta a que todo pudo ser obra del capitán de la nave, quien, sumido en una depresión, habría decidido acabar con su vida y con la de las otras 238 personas de 15 nacionalidades distintas que formaban el pasaje. Aunque esta hipótesis ya se había barajada con anterioridad, ahora se aportan nuevos detalles y se sugiere que la asfixia no fue motivada por un accidente o un fallo de ingeniería.

Zaharie Ahmad Shah estaba casado, tenía tres hijos adultos y dos viviendas. En una de ellas había instalado un elaborado simulador de vuelo, conectado a internet, con el que solía practicar con frecuencia. Sin embargo, su vida no atravesaba por el mejor momento.

La investigación sobre el estado del capitán, obra del estadounidense experto en aviación William Langewiesche, ha sido publicada hace unos días por la revista The Atlantic. En ella se desvela la complicada situación personal y mental que atravesaba el piloto debido a sus problemas matrimoniales.

Según dicho informe, en los meses previos a la fatídica noche, había reconocido a sus amigos que se encontraba a menudo “solo y triste”. La “sospecha”, según el autor del documento, es que Ahmad Shah estaba “clínicamente depresivo”, es decir, padecía una enfermedad mental. Estaba separándose de su esposa, lo que lo llevaba a deambular solo de hotel en hotel entre vuelo y vuelo. Además, mantenía una relación tormentosa con una mujer casada con tres hijos, al tiempo que intentaba conocer en internet a chicas más jóvenes y modelos a las que, según han publicado varios medios, enviaba mensajes.

Zaharie Ahmad Shah, el piloto, y Fariq Abdul Hamid, su copiloto.

Estos detalles arrojan algo más de luz sobre la personalidad del piloto de la nave, especialmente después de que el pasado verano un equipo internacional de 19 miembros realizara otro estudio sobre Zaharie Ahmad Shah y su copiloto aquella noche, Fariq Abdul Hamid, de 27 años. Estas pesquisas no hallaron signos de ningún comportamiento anormal o de estrés que pudieran haberlos llevado a lanzar el avión contra el mar.

El informe de Langewiesche, en cambio, diferencia entre la realidad de ambos hombres, apuntando a que mientras que el copiloto era un joven normal con un futuro prometedor por delante, la vida de Zaharie planteó múltiples preocupaciones, especialmente después de su crisis matrimonial.

Infidelidades con azafatas

The Atlantic incluso entrevista a un compañero de Zaharie que reconoce que su estado emocional era delicado, y que todo partía de unas supuestas infidelidades. “El matrimonio de Zaharie iba mal. En el pasado se acostó con algunas de las azafatas. ¿Y qué? Todos lo hacemos. Estás volando por todo el mundo con estas chicas guapas en la parte de atrás. Pero su esposa lo sabía”.

Además, los exámenes forenses del simulador de vuelo revelaron que este capitán había practicado en su casa, un mes antes de la tragedia, una simulación parecida a lo que se cree que ocurrió con el MH370, y que terminó en “agotamiento de combustible en el Océano Índico”.

Según sus compañeros, Zaharie atravesaba un mal momento en su relación.

Volvamos ahora a la reconstrucción de lo ocurrido aquel 8 de marzo. Según este informe, tras despegar, Zaharie habría enviado fuera de la cabina a su copiloto Fariq Abdul Hamid (27), para quien era sólo otro vuelo de entrenamiento. Luego habría procedido a despresurizar el avión y ascender por encima de la altitud de crucero normal para asegurar la muerte de sus pasajeros al privarles de oxígeno.

El informe entiende que las máscaras saltaron, pero añade que estos dispositivos están pensados para suministrar una vía de respiración durante sólo unos 15 minutos, tiempo que se estima suficiente para realizar un descenso de emergencia a una altitud por debajo de los 4.000 metros, barrera a partir de la cual el pasaje puede respirar con normalidad.

El Boeing 777 hizo un fuerte giro hacia el sudoeste justo cuando pasaba del espacio aéreo malasio al vietnamita, desviándose de su ruta. El cambio de controladores aéreos favoreció que se le perdiera la pista. Fue entonces cuando ascendió a 12.000 metros. Según Mike Exner, ingeniero eléctrico e investigador del desastre, buscaba “acelerar los efectos de la despresurización” para, quizá, acelerar la muerte de todo el pasaje.

Ruta prevista y ubicación en la que se encontraron restos del avión

Y mientras los 238 viajeros perdían el conocimiento, el piloto tenía acceso a cuatro máscaras de oxígeno presurizado con un suministro que podría durar horas.

El autor de esta investigación sostiene que una vez que Zaharie se quedó solo, pudo haber represurizado el avión de nuevo.

Muerte suave, sin focos

“Los ocupantes de la cabina se habrían quedado incapacitados en un par de minutos, habrían perdido el conocimiento y habrían perecido suavemente sin sofocarse. La escena habría estado iluminada tenuemente por las luces de emergencia, con los muertos abrochados a sus asientos, con las máscaras de oxígeno sujetas a sus rostros, colgando de los tubos del techo”, describe el informe.

Uno de los pocos restos encontrados del avión.

El vuelo habría seguido en el aire durante otras cinco horas hasta que el combustible se agotó y el aparato se precipitó en espiral hacia el mar, rompiéndose en mil pedazos. Algunas de estas partes se han localizado en las islas del Océano Índico, pero el sitio del accidente sigue siendo un misterio.

Aquella noche volaban diez tripulantes, todos malayos. Y entre los 227 pasajeros, la mayoría chinos, había cinco niños.

Búsquedas y conspiraciones

Tras aquella desaparición, se llevaron a cabo tres investigaciones oficiales. La más relevante fue la primera, de una complejidad técnica nunca antes vista. Australia llevó a cabo un rastreo submarino de más de tres años y 160 millones de dólares. No tuvo éxito. Una empresa norteamericana contratada por el gobierno malasio lo intentó después sin resultados.

La segunda investigación oficial la ejecutó la policía de Malasia, verificando los antecedentes de los pasajeros y del su entorno. No se obtuvo ningún dato relevante. La tercera fue para encontrar una causa probable de accidente y adjudicar responsabilidades. Otro fracaso.

Todas las operaciones de búsqueda fracasaron.

Después surgieron las teorías conspirativas. Una bloguera británica que leía el tarot aseguró haber visto caer un avión del cielo mientras navegaba con su marido y sus perros en el mar de Andamán, al sur de Asia. Dedujo que se trataba de una misión suicida contra la flota naval de China.

Un australiano sostiene que ha encontrado el avión desaparecido usando Google Earth en aguas poco profundas e intactas. No quiere revelar el lugar, pero ha iniciado una campaña de mecenazgo para recaudar fondos para una expedición.

Y luego están las teorías que parecen sacadas de un guion de ‘Lost’, desde que se trataba de un atentado contra la base militar estadounidense de Diego García, a que el piloto apareció en un hospital con amnesia en Malasia, pasando por agujeros negros y saltos en el tiempo.

No es el primer piloto suicida

Una de las hipótesis que más fuerza cobró al inicio de la desaparición fue que la nave había sido secuestrada. El informe de Langewiesche lo descarta. A su juicio, el desvío del avión se hizo justo cuando se cambiaba del espacio aéreo malasio al vietnamita, una información que debía controlar el piloto. Además, se ejecutó de una forma tan precisa que revela que fue manual y no por control automático.

De confirmarse algún día que el capitán se volvió loco y decidió quitarse la vida, no estaríamos ante el primer caso. El 24 de marzo de 2015, sólo un año después de la tragedia de Malasia Airlines, un vuelo de Germanwings que salía de Barcelona a Dusseldorf se estrelló en los Alpes matando a 150 personas. Y en octubre de 1999, el vuelo 990 de EgyptAir corrió la misma suerte frente a la costa de Massachusetts cuando se dirigía a Nueva York desde Los Ángeles. 217 pasajeros murieron. Se cree que ambas tragedias fueron obra de sus pilotos.

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