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Salud - 3 semanas ago

Hablar con uno mismo, una práctica terapéutica

Nos ayuda a organizar nuestros pensamientos, planear las acciones que queremos llevar a cabo, consolidar la memoria y dar forma a las emociones

Sorprenderse hablando consigo mismo puede resultar embarazoso, especialmente si está pronunciando su propio nombre en la conversación. Tampoco sorprende que ese monólogo haga parecer que está alucinando. Se debe, obviamente, a que el propósito de hablar en voz alta no es otro que comunicarse con otras personas. Pero dado que muchos de nosotros hablamos con nosotros mismos, ¿será normal (e incluso saludable)?

En realidad, hablamos en silencio con nosotros mismos todo el tiempo. No me refiero solo al clásico «¿dónde me he dejado las llaves?», sino a conversaciones profundas y trascendentales en las que nos enfrascamos a las tres de la mañana con nuestros pensamientos como único interlocutor. Esta charla interna es muy saludable, ya que cumple la función de mantener nuestra mente en forma. Nos ayuda a organizar nuestros pensamientos, planear las acciones que queremos llevar a cabo, consolidar la memoria y dar forma a las emociones. En otras palabras, nos ayuda a controlarnos.

Hablar en voz alta puede ser la continuación de la silenciosa conversación interior, y puede estar provocado cuando se activa involuntariamente un comando motor. El psicólogo suizo Jean Piaget observó que los niños pequeños empiezan a controlar sus acciones cuando comienzan a desarrollar el lenguaje. Cuando se acerque a una superficie que quema, el niño exclamará «caliente, caliente» y se alejará. Este tipo de conducta puede continuar en la edad adulta.

Los primates no humanos no se hablan a sí mismos, pero se ha descubierto que controlan sus propias acciones mediante la activación de metas en un tipo de memoria que es específica para la tarea. Si esta es visual, como el emparejamiento de plátanos, un mono activa un área diferente de la corteza prefrontal que cuando relaciona voces en una tarea auditiva. Cuando se llevan a cabo pruebas similares en humanos parecen activar las mismas áreas, sin importar la tarea de la que se trate.

En un estudio fascinante, los investigadores descubrieron que el cerebro humano puede funcionar como el de los monos si dejamos de hablar con nosotros mismos, ya sea en voz alta o interiormente. En el experimento, los expertos pidieron a los participantes que repitieran en voz alta sonidos sin sentido (tales como «bla, bla, bla») mientras llevaban a cabo tareas visuales y auditivas. Debido a que no podemos realizar dos actividades al mismo tiempo, murmurar estos sonidos hizo que los participantes no fueran capaces de decirse a sí mismos qué tenían que hacer en cada tarea. En estas circunstancias, los humanos se comportaron como los monos, activando de manera separada las áreas visuales y auditivas del cerebro para resolver cada tarea.

Este estudio demostró de manera impecable que hablar con nosotros mismos quizá no sea el único mecanismo de control de nuestro comportamiento, sino que es el que preferimos y utilizamos por defecto. Pero esto no quiere decir que podamos controlar todo lo que decimos siempre. De hecho, se dan muchas situaciones en las que nuestro diálogo interno puede resultar problemático. Cuando mantenemos un soliloquio a las tres de la mañana, normalmente intentamos dejar de pensar para volver a dormir, pero al tratar de frenar los pensamientos lo único que conseguimos es que nuestra mente comience a divagar, activando todo tipo de reflexiones (entre las que se incluye la charla interna) de una manera casi aleatoria.

Este tipo de activación mental es muy difícil de controlar, pero parece que se suprime cuando nos centramos en algo. Leer un libro, por ejemplo, debería ser suficiente para cortar la conversación con nosotros mismos de raíz. De hecho, es una de las actividades preferidas de muchas personas para relajar la mente antes de dormir.

Las investigaciones han descubierto que los pacientes que sufren ansiedad o depresión activan estos pensamientos «aleatorios» incluso cuando intentan realizar alguna tarea que no está relacionada con las ideas que les rondan la cabeza. La salud mental parece depender tanto de nuestra habilidad para activar los pensamientos relevantes para el desarrollo de la labor a la que nos dedicamos, como de suprimir los conceptos innecesarios (el ruido mental). No resulta extraño que varias técnicas clínicas, como el mindfulness, apunten a despejar la mente y reducir el estrés. Cuando la divagación se escapa a nuestro control, ingresamos en un estado de ensueño en el cual mantenemos un discurso incoherente y fuera de contexto que podría ser percibido como una enfermedad mental.

Conversación en voz alta frente a charla silenciosa

Así pues, mantener una charla consigo mismo le ayuda a organizar sus pensamientos y a adaptarlos a los cambios, pero, ¿qué tiene de especial hablar en voz alta? ¿Por qué no nos guardamos nuestras palabras para nosotros si no hay nadie alrededor para escucharlas?

En un experimento reciente desarrollado en nuestro laboratorio de la Universidad de Bangor (Gales), Alexander Kirkham y yo demostramos que hablar alto mejora el control ejercido sobre una tarea, mucho más de lo que lo hace elaborar un discurso interior. Proporcionamos una serie de instrucciones escritas a los 28 participantes y les pedimos que las leyeran tanto en silencio como en voz alta. Medimos la concentración y el rendimiento de todos ellos y ambas mejoraron cuando las instrucciones fueron leídas en voz alta.

Gran parte de los beneficios parecen provenir simplemente de escucharnos a nosotros mismos, ya que los comandos auditivos son, aparentemente, mejores controladores que los escritos. Los resultados que obtuvimos demuestran que si hablamos con nosotros mismos para preservar el control durante la realización de pruebas exigentes, el rendimiento mejora de manera sustancial cuando lo hacemos en voz alta.

Esto quizá pueda explicar por qué tantos deportistas profesionales, como por ejemplo los tenistas, hablan a menudo con ellos mismos durante los partidos para mantenerse concentrados en momentos cruciales, arengándose con expresiones como «¡Vamos!». Nuestra habilidad para generar autoinstrucciones claras es una de las mejores herramientas de las que disponemos para el control cognitivo, y su efectividad aumenta simplemente cuando se dicen en voz alta.

Pueden creerlo. Expresarse en voz alta siempre y cuando la mente no divague podría ser una señal de buen funcionamiento cognitivo. En lugar de tener una enfermedad mental, puede significar una mayor competencia intelectual. El tópico del científico loco que, perdido en su mundo interior, habla consigo mismo podría ser un espejo de la realidad de un genio que utiliza todos los medios que tiene a su disposición para aumentar su capacidad cerebral.

Este artículo ha sido publicado en The Conversation.

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