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España - 10.06.2019

La edad de acceso a la pornografía en España se adelanta a los ocho años y se generaliza a los 14

  • Tres de cada cuatro adolescentes lo consume a través de internet y solo un 25% consulta a personas adultas
  • Un 50% de jóvenes reconoce haber incrementado sus prácticas de riesgo tras consumir pornografía

La familiarización con las pantallas ha facilitado el acceso de los jóvenes a la pornografía

IStock

El primer acceso a contenidos pornográficos de los jóvenes españoles en internet se anticipa ya a la etapa infantil, con edades tan tempranas como los ocho años.

Así lo demuestra la investigación titulada Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales, presentada este lunes en Madrid por la Universitat de les Illes Balears y la red Jóvenes e Inclusión. 

Este estudio, elaborado bajo la dirección científica de Lluís Ballester y Carmen Orte del Grupo GIFES de la UIB, recoge entrevistas a casi 2.500 jóvenes de entre 16 y 29 años y trata de contrastar por primera vez las hipótesis sobre juventud y pornografía publicadas en los últimos diez años.

Los varones, los primeros en iniciarse en la pornografía

Los resultados del estudio constatan que la edad media de inicio en el consumo de pornografía son los 14 años entre los adolescentes hombres, los 16 en el caso de las mujeres y los 15 para otras identidades.

Sin embargo, al menos uno de cada cuatro varones se ha iniciado antes de los 13 y la edad más temprana se anticipa ya a los 8 años, algo que podría ser consecuencia del aumento de la familiaridad de los niños con las pantallas y con las búsquedas en internet.

La investigación verifica también que los hombres son los grandes consumidores de pornografía: el 87% dicen que la han visto alguna vez y casi un 30% se consideran un poco adictos o posiblemente adictos.

Esto desencadena que su impacto sea mayor entre la población masculina, tanto por los efectos buscados (sobre todo la masturbación) como por las consecuencias negativas sobre las relaciones interpersonales y de pareja.

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Aumenta el consumo de pornografía vejatorio y violento contra las mujeres

El estudio pone el foco en la “nueva pornografía” caracterizada por la accesibilidad, un precio asequible (gratuita en su mayoría), la ausencia de límites en cuanto a las prácticas sexuales, en ocasiones incluso ilegales, y su naturaleza anónima. 

En cuanto al consumo de este tipo de pornografía, no ha dejado de aumentar en los últimos años. Según Pornhub -el único de los grandes portales de acceso gratuito que publica informes de actividad, se registran tres millones de visitas por hora y mueve cada día ocho veces más volumen de datos que Facebook.

Además de esto, preocupa especialmente la visualización de contenido vejatorio y violento contra las mujeres en dichos portales, lo que coincidiría con el aumento de agresiones y la proliferación de casos como el de La Manada. 

Concretamente, el video pornográfico más visto actualmente en internet escenifica precisamente una violación en grupo de alto contenido violento.

El 50% de jóvenes reconoce haber realizado prácticas sexuales de riesgo

La investigación también constata que la nueva pornografía está detrás del aumento de prácticas sexuales de riesgo, es decir, aquellas que pueden tener un impacto negativo sobre la salud: sexo sin preservativo, con diversas parejas, en grupo, con presencia de violencia, etc. 

Un 50% de jóvenes reconoce haber incrementado estas prácticas después de consumir pornografía.

La nueva pornografía también distorsiona la imagen que mujeres y hombres jóvenes tienen de su mismo género y del opuesto. 

Una de cada cuatro personas encuestadas reconoce que ha cambiado su percepción de los hombres y de las mujeres. Pero además es generadora de una escalada de conductas, pasando del consumo de imágenes a otras prácticas vinculadas a la prostitución.

Un 46,7% de hombres ha recibido anuncios de ofertas sexuales y un 4,5% dicen haber tenido encuentros o estar dispuestos a pagar por ello. Así, al menos 300.000 hombres entre 16 y 29 años ya han tenido contactos sexuales por medio de anuncios en webs de pornografía. Casi una cuarta parte no contestan, por lo que estas conductas podrían estar más extendidas.

Una educación sexual fallida

El perfil más común del consumo de este tipo de pornografía es el de un varón heterosexual que se conecta de forma privada desde su teléfono móvil.

Accede de forma gratuita a contenidos de alta calidad de imagen, de naturaleza sexista o vejatoria, mientras está expuesto a publicidad de servicios sexuales, bien virtuales o bien físicos en su zona de residencia.

Es muy relevante que la mayoría de adolescentes que se asoman a la pornografía no están satisfechos con lo que saben sobre sexo. Casi un 80% de las y los jóvenes dicen no haber recibido una educación afectivo-sexual satisfactoria o no la han tenido en absoluto.

Esto significaría que la información recibida no ha resuelto sus dudas o expectativas y han tenido que resolverlas de otra manera. Por eso 7 de cada 10 acuden a internet o a otras amistades para resolver esas dudas. Y solo un 25% se las plantean a sus progenitores o a otros adultos.

Recomiendan no censurar el tema de la pornografía en casa

Ante la certeza del aumento de consumo pornográfico las entidades responsables del estudio abrir el debate social, continuar investigando y estudiar posibles opciones de control legal en el acceso de menores de edad y de limitación de contenidos que muestren prácticas de riesgo y especialmente violentos o vejatorios.

Además, recomeindan no censurar el tema en casa, sino tratar el fenómeno de la pornografía desde una perspectiva crítica, igualitaria y responsable y reformar los programas de educación afectivo-sexual, ampliando su perspectiva a las relaciones interpersonales, desde los 10 u 11 años e integrando las tecnologías de la comunicación.

En la escuela, piden incorporar experiencias educativas que apuesten por el desarrollo de una sexualidad libre y adviertan la conexión de la nueva pornografía con una sexualidad basada en estereotipos de género, desde la violencia masculina hasta la prostitución como espacio de experimentación.

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