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España - 07.06.2019

El videoclub más antiguo de Madrid se despide tras casi 40 años de cine

  • El dueño de Import Video, Fernando Navarro, se jubila este mes de junio y vende las cerca de 40.000 películas del local
  • Se estima que quedan 250 videoclubs en España, un 90% menos que hace diez años

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Fernando Navarro, dueño de Video Import en su local de la calle Carlos Martín Álvarez 1, en Madrid.

Pilar Bayón

Un grupo de personas espera a las puertas de Import Video, el videoclub más antiguo de Madrid. Son días ajetreados para su dueño, Fernando Navarro, que no deja de atender clientes y visitas desde que ha colgado el cartel de “Liquidación por cierre”. Fernando se jubila tras casi 40 años dedicados al cine en el barrio de Vallecas y muchos vecinos se están acercando al local para despedirse o para comprar y alquilar, por última vez, una de sus más de 40.000 películas.

“Llevo 26 años viviendo en Vallecas y, desde entonces, vengo a este videoclub”, cuenta un cliente, mientras adquiere uno de los clásicos que guarda Fernando desde hace años y que ahora se venden tan solo por uno o dos euros. “Es una pena que cierre, le vamos a echar mucho de menos”, asegura.

Conocido popularmente como “el Templo del Cine”, Video Import fue fundado en 1981 y conserva películas de todos los géneros y épocas repartidas por todo el local; unas veces los montones llegan hasta el techo y otras impiden el paso de los clientes. “Ya estoy empaquetando, pero aún no sé qué voy a hacer con todas las películas. Aquí hay toda una vida”, lamenta Fernando. mientras busca al milímetro y sin mirar en ningún registro cada uno de los DVD que le piden los clientes.

El de Fernando es uno de los 20 videoclubs que se estima que quedan en la capital y de los 250 de toda España, un 90% menos que hace diez años.

El videoclub de Vallecas que plantó cara a Blockbuster

Hablar de la historia de Fernando es hablar de la evolución de los géneros, formatos y leyes de la difusión del cine en España. Es un apasionado del ámbito desde los cuatro años y recuerda con nitidez la llegada del VHS y del DVD a España, como consiguió tener hasta cinco videoclubs y como plantó cara a las multinacionales como Blockbuster que llegaron al barrio.

Fernando ya ha empezado a empaquetar las películas y, en ocasiones, los montones llegan casi hasta el techo. Pilar Bayón

Su receta para mantenerse durante tanto tiempo fueron “el trabajo y el esfuerzo”, asegura, aunque también tuvieron algo que ver su amplio conocimiento del cine y su cercanía con los clientes a la hora de hacer recomendaciones. “Hago un poco de psicólogo, les pregunto las películas que les han gustado previamente, así puedo intuir su estilo. Les cuento el argumento de otras similares hasta que encontramos la ideal”, explica el dueño de Video Import, que, como una auténtica enciclopedia del cine, aún puede contar de carrerilla detalles de numerosas películas, nombres de directores y fechas.

Algunos clientes que van pasando por la caja afirman que a partir de ahora buscarán las películas en las plataformas online o en las grandes superficies, pero otros aún se resisten al cambio. “Vengo aquí desde que era pequeño y me gusta mucho. Ahora iré más a otros de los videoclubs que conozco en Madrid”, dice Adrián, que en ese momento sujeta una película de acción entre sus manos y asegura que “no será la única” que se lleve ese día.

La piratería: “El enemigo número uno del videoclub y los cines”

Probablemente uno de los videoclubs más cercanos a Import Video sea Ficciones de cine, instalado en el barrio de Tirso de Molina desde hace al menos 19 años. Regentado actualmente por Marcia Saburo, tiene alrededor de 27.000 películas, especialmente de autor y de diversos países africanos, asiáticos, latinoamericanos y del este de Europa.

“Cuando se cierra un videoclub no solo se pierde una gran aportación cultural, sino también la comunidad creada en torno a él. Por ejemplo, aquí viene gente a alquilar o dejar una película, comenzamos a hablar de ella y se une otro cliente. Se acaba improvisando un debate y es muy enriquecedor”, afirma Marcia, que añade que esto es algo que “nunca conseguirán las plataformas online de películas”.

Marcia Saburo (d) atiende en el videoclub Ficciones de Cine situado en la calle Calle de Juanelo, 15 de Madrid.

Pero, según describe Marcia, “el enemigo número uno de los videoclubs y del cine” no son estas plataformas de internet, sino la piratería, ya que les ha hecho “perder negocio a lo largo de los años”. “A veces me piden copias, pero me niego totalmente. Es ilegal y acaba con el trabajo de mucha gente”, sentencia.

Al local acuden “personas de todo tipo”, pero con frecuencia se pueden encontrar profesionales del teatro y del cine español, como el actor Manolo Solo o el cómico Ignatius Farray. También han acudido profesionales del cine internacional como el actor y director británico Cary Elwes, del que Marcia tiene “un recuerdo agridulce”.

“Vino al videoclub una vez, cuando estaba rodando ‘La Reina de España’ con David Trueba. Me alegré mucho cuando alquiló seis películas, pero después, nunca me las devolvió”, cuenta Marcia. La dueña quiso recuperar los DVD, entre los que se encontraban El año de las luces de Fernando Trueba, What have I done to deserve this de Pedro Almodóvar, el documental Stanley Kubrick: una vida en imágenes, la película ¡Viva Zapata!, Brazil y Y de repente tú e hizo “una pequeña campaña reivindicativa en Twitter”, pero Elwes acabó por bloquearla. “Fue hace dos años, así que la multa asciende ya a más de 2.000 euros”, dice Marcia entre risas, que reconoce que lo que ella realmente quiere es recuperar las películas.

La nueva era de los videoclubs: cine propio, cafetería y encuentros con los directores

Fernando y Marcia no han sido los únicos en apostar por este tipo de negocios en los últimos años. Aurora Depares, dueña del mítico Video Instan de Barcelona, considerado el más antiguo de España y con más de 45.000 películas, también lo ha hecho, pero de una manera particular.

En 2018, Aurora tuvo que enfrentarse al dilema de si continuaba con el videoclub o se daba por vencida. “Me subieron el alquiler del local a los 10.000 euros, algo que era imposible de mantener”, explica.

Aurora Depares, dueña de Video Instan, conserva más de 7.000 VHS en su archivo. Tessy Troes

Aurora comenzó una campaña crowdfunding “para saber si este tipo de negocio seguía creando interés en la gente” y recolectó más de 40.000 euros. Con este dinero, más algunos créditos bancarios y su ahorro personal decidió apostarlo todo y abrir nuevamente en un otro local situado en la calle Viladomat, 239.

Aurora no se conformó con mantener de esta manera el legado que habían comenzado sus padres en 1980, sino que quiso mejorarlo y dar un paso más allá. “Mi padre fue pionero en abrir un videoclub en Barcelona y en España, y yo he creado el primer videoclub con un cine propio y cafetería”, explica Aurora.

Video Instan ha ido recuperando su popularidad y ahora organiza charlas y talleres con personalidades del cine. Por ahí han pasado ya Isabel Coixet, Albert Serra, Juan Antonio Bayona, Celia Rico y Dani de la Orden, entre otros, aunque asegura que le encantaría que Pedro Almodóvar fuera y hablara de su nueva película Dolor y Gloria. “He crecido con su filmografía, porque mi madre me ponía sus películas de pequeña. Sería muy interesante poder hablar con él”, señala, esperanzada de que el director acceda a ello tras leer este artículo.

Imagen del interior de Video Instan, situado en la calle Viladomat, 239, de Barcelona. Tessy Troes

El videoclub que divulga el cine en una localidad costera de Alicante

Los videoclubs no se encuentran únicamente en las grandes ciudades y capitales. Así lo demuestra Teresa, dueña del videoclub Samper, abierto en 1999 en Pilar de la Horadada, una localidad costera del sur de Alicante.

Con más de 5.000 películas y 20 años de experiencia, Teresa se ha esforzado en los últimos años por mantener la afición del cine de todo el que pasaba por su local, especialmente de los niños.

“A veces vienen padres con sus hijos y me piden si les puedo enseñar el videoclub, ya que los niños no saben lo que es. Para muchos, los videoclubs forman parte de su infancia y quieren que los más pequeños tengan esa vivencia también. Verlos andar por las estanterías es una satisfacción, porque se ve que el cine seguirá vivo en ellos. Te da fuerzas para seguir”, cuenta Teresa.

Imagen del interior de Video Instan, situado en la calle Viladomat, 239, de Barcelona. Tessy Troes

La dueña de este videoclub asegura que ha trabajado “mucho durante los últimos años” para seguir ofreciendo “lo mejor” a sus clientes. “Abro de lunes a domingo, así que apenas descanso ni tengo vacaciones”, dice Teresa, que ha diversificado la oferta de su local y, además de películas, ofrece videojuegos y un menú de cine con palomitas, bebidas y gominolas. “Así la clientela se puede llevar la experiencia completa a casa”, afirma.

En cuanto a las películas que más se alquilan en la zona, asegura que son de acción y comedia. “Lo que menos se lleva la gente son los dramas. Me dicen que ya tienen suficientes en la vida y que quieren algo diferente”, bromea Teresa, que asegura que cuando vienen, “muchos clientes repiten”.

“Algunos piensan que llevar un videoclub con los tiempos que corren es una locura, pero no me arrepiento. Es un trabajo que me gusta mucho y no me gustaría tener que cerrarlo algún día por que deje de funcionar”, concluye Teresa, mientras sigue atendiendo a los repartidores y clientes que entran en su local cada tarde.

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