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España - 20.06.2019

405 días sin mi hija: las otras víctimas de los crímenes machistas

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Familiares de víctimas de crímenes machistas lamentan el "desamparo" institucional

Familiares de víctimas de crímenes machistas lamentan el "desamparo" institucional

Presenciar y afrontar el asesinato de una madre

Él, que ahora tiene 17 años, ha vivido la pérdida desde otra perspectiva, la de un niño que no podía afrontar que su madre ya no estuviese a su lado. No quería salir a la calle, tenía miedo y se sentía inseguro.

“Estuve yendo al psicólogo durante unos siete meses. Las primeras veces que iba salía llorando porque me recordaban el tema y para mí era algo muy fuerte”, cuenta el joven, uno de los primeros menores que entró en el registro oficial de huérfanos de la violencia de género, iniciado en 2013. 

Desde ese año, al menos 243 menores quedaron en situación de desamparo como consecuencia de un asesinato machista. A estas víctimas les queda una carencia eterna que, en opinión del menor, "no se paga" ni siquiera con los años de condena que recaen sobre el agresor.

"Yo tenía pesadillas y a veces soñaba que mi madre me decía que todo estaba bien", recuerda el chico.

Gracias al apoyo familiar y a una fortaleza suscrita por su tía, ahora es capaz de relatar lo que vieron sus ojos el día del crimen. También de explicar con ilusión cuáles son sus planes para "seguir adelante y no quedarse en el pasado”.

“Al principio no quería seguir estudiando, pero pensando en ella dije ‘voy a seguir estudiando, voy a sacarme los títulos que quiera sacarme’. Y que llegue el día de mañana y pueda decir que lo he conseguido a pesar de que me la han arrebatado”, explica el joven. 

El duelo y la culpa

Su testimonio, como los de Alexandra y María del Mar, reflejan desde distintos planos cómo se enfrentan las víctimas indirectas a eso que los expertos denominan "duelo difícil" o "duelo complejo", un proceso en el que el agravante puede ser el sentimiento de culpa.

"En el duelo de una persona asesinada, si la situación y el victimario te es ajeno, puedes reaccionar echando todas las culpas a la persona de fuera. Pero cuando el asesino es alguien cercano los familiares siempre tienen en mente la idea de que podrían haber hecho algo para evitarlo", explica María Teresa Ayllón, psicoterapeuta e investigadora en violencia familiar. 

Por eso, el tratamiento psicoterapéutico tras un asesinato que se produce dentro del ámbito familiar, apunta, es "uno de los más difíciles". Los familiares de la víctima directa no pueden "simplemente odiar a su asesino", sobre todo si mantuvieron una relación de cariño con él.

Esto se da con frecuencia en el caso de hijos que han perdido a su madre después de que fuese agredida por su padre: "A veces se sienten culpables por haber querido a una persona tan perversa", apunta Ayllón, que considera que es importante dejar a los afectados decidir si quieren recibir -y en qué momento- ayuda psicológica

"Todos estos mecanismos necesitan su tiempo. No le puedes imponer a alguien la terapia porque en ese momento tienen la sensación de que el mundo les arrolla. Son ellos los que deben aceptar o solicitar la terapia", concluye.

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