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Cultura - 06.07.2019

Universos paralelos

Mon Laferte, Jorge Drexler, Dorian y Love of Lesbian ofrecen sus distintos modelos de música y espectáculo en el festival Río Babel de Madrid

Fueron casi cinco horas y dos universos paralelos, como el título de la canción que entonó uno de sus protagonistas, Jorge Drexler. Los escenarios contiguos donde este viernes se sucedieron cuatro actuaciones de la segunda jornada del festival Río Babel, en Madrid, albergaron dos apuestas diferentes en lo musical y lo escenográfico. Por un lado, la chilena Mon Laferte y el uruguayo Drexler. Por otro, justo a continuación, los españoles Dorian y Love of Lesbian. El nexo entre ambas fue la lengua, en una muestra de la diversidad —y la orientación latinoamericana— en la que basa su programación el festival.

Mon Laferte, invitada el pasado abril al famoso festival de Coachella, planteó un doble paseo: por la música de su continente (de la cumbia al chachachá, pasando por el mambo o el swing) y por las fases del amor, como el que ofrece su último disco, Norma, del que interpretó temas como Ronroneo y Por qué me fui a enamorar de ti. No había mucho público, pero lo hizo bailar y llegó a recomenzar una canción cuando sintió que su voz —con una gran capacidad para cambiar de registro— no se escuchaba bien.  

La siguió un artista más consagrado: el uruguayo Jorge Drexler, oscarizado por Al otro lado del río y triunfador de los últimos Grammy latinos, con su disco Salvavidas de hielo. Frente a su apuesta en este por la omnipresencia de las guitarras (la percusión procede incluso de golpearlas), Drexler —que siempre ha dejado clara su obsesión por innovar— sacó toda la artillería: un Universos paralelos con un bajo al estilo funky, un Sea (la canción que da título a su disco más marcado por las bases electrónicas) latinizado o un Silencio en el que brilló la guitarra.

La actualidad se coló entre canción y canción. En dos ocasiones reivindicó las fiestas del Orgullo LGTB que se celebran estos días en Madrid. Antes de entonar un tema en defensa de la diversidad cultural como Movimiento, pidió un aplauso para el barco español Open Arms por rescatar recientemente a 40 migrantes a la deriva en el Mediterráneo, y prologó Despedir a los glaciares con un llamamiento a «no votar a los partidos que adoptan una medida antiecológica» como la moratoria de multas en Madrid Central, paralizada por un juez. Cerca del final, se lanzó a por Bolivia con la explicación de que era un reconocimiento al único país que acogió a sus abuelos y a su padre cuando huían del nazismo en 1939, e invitó al escenario al rapero puertorriqueño DJ sin suela, que había actuado el día anterior y mandó «al carajo las fronteras».

Pasaban las diez de la noche y el sol había caído. Comenzó un festival distinto. La pléyade de tatuajes de Mon Laferte y la colorida camisa de manga corta de Drexler dieron paso al riguroso negro de los integrantes de Dorian. Los teclados tomaron el relevo y la variedad geográfica de influencias se desvaneció ante el estudiado —y con ejecución impecablemente empastada— indie de Dorian. Salvo una mención a las fiestas del Orgullo y otra a la influencia en su obra de la música y literatura latinoamericana, el festival se había trasladado de planeta. El público era bastante más numeroso y joven. El espectáculo, medido, con cuatro proyecciones verticales de formas geométricas y lluvias de confeti y globos con los colores que primaban: negro y blanco. A cualquier otra parte seguida de Tormenta de arena marcaron el cénit del recital.

Con apenas los minutos justos para que el público cambiase de escenario, llegó el turno de Love of Lesbian, formación que comparte con Dorian el encuadramiento en la etiqueta indie y haber visto la luz en la provincia de Barcelona. Sus cantantes colaboraron como invitados uno en el concierto del otro.

«Somos los Rolling Stones», bromeó el cantante de Love of Lesbian, Santi Balmes, poco después de arrancar con 1999 sobre un escenario con estética de cafetería hipster. La única referencia política fue también sobre el Orgullo LGTB: «Que nadie con caspa en el cerebro os margine por vuestra orientación sexual», dijo. El concierto fue in crescendo hasta Club de fans de John Boy, directamente bailada y coreada a gritos. La joven voz mexicana Silvina Estrada ayudó a dar un giro a Incendios de nieve. El cierre fue para Ahí donde solíamos gritar. La multitud la celebró como un himno generacional.

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