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Cultura - 16.06.2019

Una cuarta misión buscará en el Polo Sur al ‘San Telmo’

Una expedición científica, que carece del apoyo de Cultura, rastreará la zona antártica donde 644 náufragos españoles murieron congelados en 1819

Rosendo Porlier y Asteguieta, brigadier de la División del Mar del Sur, lo vio claro desde el principio. Se despidió en mayo de 1819 así del capitán de fragata Francisco Espelús: “Adiós, Frasquito, probablemente hasta la eternidad”. Pocos meses después se cumplió su presagio. El San Telmo, uno de los cuatro buques de la Armada que formaba la expedición militar contra los independentistas de Perú, encalló en la Antártida arrastrado por las corrientes del Estrecho de Magallanes y sus 644 hombres murieron congelados. La temperatura media en esta parte del globo es de -53 grados. Tres expediciones científicas españolas, entre 1993 y 1995, intentaron hallar sus restos, pero las pruebas obtenidas no fueron concluyentes. Ahora, la Fundación Polar Española —entre cuyos patronos se encuentran miembros del Ministerio de Asuntos Exteriores, de Defensa, del Instituto Español de Oceanografía y de diversas asociaciones científicas— va a intentarlo de nuevo. Partirán en septiembre, cuando se cumplen 200 años de uno de los grandes misterios de la historia naval.

El San Telmo fue botado en 1788 y estaba considerado una de las máquinas de guerra más eficientes del mundo, pero 31 años después de hacerse a la mar —Guerra de la Independencia de por medio, incluido el desastre de Trafalgar— no era más que un gigantesco cascarón podrido. Sin embargo, era lo único disponible por la Corona para sofocar las guerras de emancipación. Otro de los barcos que lo acompañaban, el Alejandro, había sido comprado a Rusia antes de su desguace. Sus cuadernas, quillas o cubiertas se deshacían con los embates de los océanos. Con estos mimbres se formó la División del Mar del Sur que debía enfrentarse, casi con seguridad antes de llegar a su destino, a los piratas y a las heladas aguas del Polo Sur.

La expedición la componían además del San Telmo, de 74 cañones, y del navío Alejandro, la fragata Prueba y la mercante Primorosa Mariana. Tres de las naves lograron zarpar el 11 de mayo, pero el Alejandro tuvo que hacerlo un día después porque el cabrestante estaba averiado. Nada más cruzar el Ecuador, las imparables vías de agua que lo inundaron le hicieron volver a Cádiz.

En el Mar de las Hoces, en homenaje a Francisco de Hoces, el navegante español que lo descubrió en 1526, o Estrecho de Drake en honor al pirata inglés que lo visitó en 1578, la flota tuvo que enfrentarse a una descomunal tormenta. En este mar, entre la Antártida y la parte más austral de Chile, se juntan los océanos Atlántico y Pacífico. Prueba y Primorosa Mariana consiguieron sortear olas y témpanos, pero el San Telmo, herido de muerte por las averías, se perdió a los 62 grados Sur y 70 Oeste, justo frente a la Antártida el 2 de septiembre.

Entre los años 1819 y 1824, los navegantes británicos Smith, Fildes y Weddell tomaron posesión de las Shetland del Sur (Antártida). En la isla Livingston, localizaron restos inconfundibles del San Telmo (botavaras y vergas), así como señales de matanzas de focas que parecían delatar la presencia de náufragos, tal y como desvelaron los archivos del Almirantazgo británico descatalogados en 1990. El 27 de septiembre de 1821, “en consideración al mucho tiempo transcurrido desde la salida del navío San Telmo del puerto de Cádiz y dadas las pocas esperanzas que se conservan de que se haya salvado el buque, Su Majestad el Rey ha resuelto, a propuesta del capitán general de la Armada, que sea dado de baja el navío y los hombres que en él viajaban”.

En los años noventa del siglo pasado, tres expediciones, encabezadas por el catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, Manuel Martín Bueno, descubrieron el lugar donde presuntamente habían fallecido los 644 militares. Hallaron restos de maderas, sandalias y tachuelas de cobre. Miguel Aragón Fontenla, coronel de Infantería y submarinista, fue uno de los investigadores. “No se puede afirmar que sean los restos del San Telmo. La madera hallada procedía de Oregón [EE UU], según los análisis, y la sandalia podía ser de un fraile [los buques llevaban siempre a bordo un religioso], pero también podía ser de un marino de cualquier barco. Sinceramente, no hay nada concluyente». 

Chema Amo, director general de la Fundación Polar Española, cree que “las tres expediciones anteriores no lo hallaron”. “Encontraron madera en la zona donde las corrientes acumulan todo lo que flota. Nuestra iniciativa parte de la hipótesis de que los testimonios de los marinos ingleses acerca de la arribada del San Telmo a la zona del cabo Shirreff [también islas Shetland del Sur] son fiables y que, por tanto, cabe localizar sus restos”. Y añade: “A través de este proyecto se pretende sentar un precedente práctico a la incorporación de España a la gestión de sus buques de Estado naufragados en aguas exteriores e incorporar a nuestro país a las líneas de investigación arqueológica altamente tecnificada”.

El proyecto reúne a un equipo multidisciplinar de especialistas en arqueología y teledetección subacuática, apoyados por expertos en navegación, geofísica y restauración “con el fin de localizar y documentar los restos del navío y de sus tripulantes, así como llevar a cabo la conservación a largo plazo de los hallazgos”.

A pesar de ello, el Ministerio de Cultura no lo apoya. Cultura considera que “carece de financiación y no responde al Anexo de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de 2001”. Explican que las comisiones científicas que lo han examinado determinaron que “no dispone de memoria explicativa, un desarrollo claro sobre los criterios y metodologías y medidas relativas a la protección del medio ambiente, de obligado cumplimiento en la Antártida”, entre otras cuestiones.

Pero Chema del Amo sostiene que sí cumplen los requisitos y que sus alegaciones no fueron tenidas en cuenta en la comisión del 13 de septiembre de 2018, por lo que creen que la resolución no es válida. “Sea como sea, partiremos”, sostiene. Con un presupuesto de 150.000 euros de la fundación, establecerán su campamento en el cabo Shirreff (Alvarado para los argentinos). Durante 40 días, se utilizarán “equipos de alta precisión y, en caso positivo, los buzos entrarán a buscarlo para resolver el mayor enigma naval de la historia de España», asegura.

 

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