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Cultura - 12.06.2019

Richard Hawley: aroma definitivo de clásico

El nuevo álbum del músico británico recibe una calificación de 7 sobre 10

A Richard Hawley no le gusta que le llamen crooner porque no le convence el término ni la idea de verse reflejado en una etiqueta tan manida. Normal: es mucho más artista que todo eso. A sus 52 años y tras dos décadas de carrera en solitario, Hawley, quien pasó por los gloriosos Pulp, ha demostrado ser un músico capaz de crear un universo propio reconocible y bello, repleto de postales costumbristas y caminos del corazón que respiran en canciones de color ocre.

Dotado de un don para la composición de baladas, una voz portentosa y un romanticismo exacerbado, este irónico cantante con gafas de pasta confluye sus virtudes con naturalidad allí donde otros derrapan hacia la cursilería y la postulación forzada. En discos monumentales como Cole’s Corner, Lady’s Bridge y Truelove’s Gutter, Hawley guarda la profundidad emocional de un Roy Orbison, pero nunca ha renunciado en todo este tiempo a un lado gamberro que muestre más prismas de su poder creativo.

Further, su octavo disco, es uno de esos prismas, donde además por primera vez se desprende de titular el álbum con una referencia a la ciudad de Sheffield, lugar de nacimiento y espacio de realismo mágico en sus canciones. Al igual que hiciese en 2012 con Standing at the Sky’s Edge, donde se dejaba llevar por el pop psicodélico, este nuevo álbum echa a remojo al baladista rompecorazones para sacar a relucir su carácter más rockero, el mismo sobre el que ya ha puesto sobre la pista también en sus conciertos.

Lo sorprendente es encontrar en Further a un Hawley tan despeinado en ese rock engrasado y cabezota, como en Off My Mind y Alone, que recuerdan a su pasado brit-popero en los noventa en el grupo Longpigs pero también a Oasis. Gallery Girl y Time Is bien podrían formar parte del repertorio de rock mainstream de Bruce Springsteen. Son canciones aceleradas que se mezclan con otro buen puñado de medios tiempos, distorsionando un poco el conjunto, como si en el cuadro evocador sobre la soledad y la búsqueda de un lugar en el mundo que es Further se mezclasen líneas de finura baladística con pasionales –y bien trenzados- brochazos guitarreros. Se hubiese agradecido mayor cohesión al respecto.

En ese trazo de pincel fino, desplegado en composiciones ligeras, pero sin sus característicos arreglos orquestales de otros discos, como My Little Treasures, Futher, Emilina Says, Not Lonely o Midnight Train, Hawley demuestra otra vez ser ya casi un género en sí mismo, al igual que otros coetáneos que también huyen de la etiqueta de crooner pero son románticos imbatibles, como Father John Misty, The Divine Comedy, Rufus Wainwraight o M. Ward. El preciosista cierre con Doors evoca a ese horizonte de atardecer refulgiendo de la portada del álbum y, como puertas de la vida quemándose para abrirse otras, nos recuerda por qué su autor es más que un crooner. Es un clásico del siglo XXI. A Richard Hawley tampoco le gustará oírlo, pero irremediablemente lo es.

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