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Cultura - 14.06.2019

Notre Dame, entre la esperanza y el choque con la realidad

A dos meses del incendio, las obras de restauración aún no han comenzado y las donaciones se han estancado. La primera misa se celebra este sábado en una catedral “todavía frágil”

La pequeña misa que se celebrará este sábado en Notre Dame entre fuertes medidas de seguridad —cascos de obra incluidos para la treintena de participantes— quiere ser una promesa de que la catedral gótica volverá, un día, a ser lo que era antes del devastador incendio que sufrió el 15 de abril. Pero también constituye una muestra de lo difícil que va a ser el camino para restaurar el emblemático templo parisino. A dos meses de su destrucción parcial, todavía no han concluido las tareas para asegurar la parte de la iglesia que se salvó de las llamas y esta sigue en un “estado frágil”, advierten las autoridades, que no se atreven a descartar la posibilidad de un derrumbe. Faltan además planes definidos de cómo reconstruirla. Por no haber, no hay ni siquiera acuerdo sobre el estilo a seguir. Mientras tanto, el dinero para su restauración, que en las primeras semanas parecía caer en forma de donaciones cual lluvia de abril, ha acabado convertido en un goteo impredecible.

De los 850 millones de euros de donaciones anunciados en las primeras horas y días tras el incendio que la tarde del 15 de abril provocó el hundimiento de la cubierta de plomo y la desaparición de la aguja de la catedral, además de cuantiosos daños en las naves y la infraestructura del templo, apenas hay rastro hasta la fecha. Según la emisora France Info, por el momento lo recaudado es solo el 9% de ese monto, es decir, en las arcas hay unos 80 millones de euros para comenzar unos trabajos para los que aún no existe una factura final, pero que se vaticina de numerosos ceros.

Goteo de dinero

Familias como los Pinault, del grupo Kering, que anunciaron una donación de 100 millones de euros, o los Arnault (LVMH), que prometieron 200 millones más, no han depositado aún las cantidades íntegras garantizadas y tampoco lo harán en un futuro inmediato, sino “poco a poco”, en función de los trabajos que se vayan requiriendo. Paradójicamente, ese tipo de anuncios multimillonarios ha llevado a otros donantes más pequeños a retractarse en su intención de ofrecer una donación menor. Por eso, es más que bienvenido probablemente el anuncio del novelista Ken Follet de que, además de lo que gane con el texto inédito sobre Notre Dame, que salió a la venta este jueves, donará también para la reconstrucción de la catedral los 100.000 euros que le adelantó por la obra la editorial al autor de Los Pilares de la Tierra.

No obstante, lo del dinero no es algo que inquiete demasiado a las autoridades en estos momentos.

“Puede que haya gente que promete donar y que luego no lo hace, pero las donaciones van a ser entregadas progresivamente, en función del avance de los trabajos”, declaró el ministro de Cultura, Franck Riester, en la cadena France 2. “Se está trabajando en el marco legal entre los grandes donantes y las cuatro instituciones elegidas para esta gran colecta nacional”, aseguró.

Tampoco a los responsables de Notre Dame les quita el sueño la lenta llegada de los fondos. “No nos cabe duda de que las grandes familias van a dar ese dinero que han anunciado, pero hay que entender también que, para que ese dinero sea desbloqueado, tiene que aprobarse y crearse el marco que está en discusión en la Asamblea Nacional, y una vez creado, podremos pedir el dinero”, señala el portavoz de Notre Dame, André Finot.

Una catedral todavía «frágil»

La verdad es que, ahora mismo, lo que sigue quitándole el sueño a todos es el estado de Notre Dame que, en palabras del ministro de Cultura, es aún “frágil, especialmente a nivel de la bóveda, que todavía no ha sido asegurada”. “Todavía puede derrumbarse”, advirtió. “No estamos seguros aún de que el edificio va a poder mantenerse en pie tal como está mucho tiempo más”, corrobora, sombrío, el portavoz de la catedral en un encuentro en un café al lado del templo, que sigue rodeado por vallas que ocultan las obras de salvamento y recuperación del edificio y sus tesoros.

Finot lo explica gráficamente: es como si durante 800 años tuvieras un peso de centenares de toneladas sobre la cabeza y, de un solo golpe, te lo quitan. Las estructuras de la catedral estaban preparadas para repartirse ese peso y contrarrestarlo y, al desaparecer, hay que asegurarlas a su vez, para que no se desplomen.

Por ello, la prioridad inmediata es instalar unos refuerzos bajo los arbotantes para distribuir el peso y desmontar al mismo tiempo, “pedazo a pedazo”, las 300 toneladas de andamiaje colocado antes del incendio para restaurar la ahora desaparecida aguja, y que quedó semifundido por el fuego. También se retirarán los dos grandes plásticos que hasta ahora han protegido la nave de la catedral de la lluvia y se montará un “nuevo techo temporal” de madera que se apoyará sobre la estructura y reforzará también los arbotantes. Finalmente, se colocará otro “gran paraguas permanente”, una estructura plástica más estable que la actual, que protegerá la bóveda hasta que concluyan las tareas de reconstrucción de la catedral, para lo que el presidente francés, Emmanuel Macron, ha fijado un plazo de cinco años.

Una vez acabada esta primera fase de “protección y diagnóstico”, que según Finot durará previsiblemente todo el verano, se podrán centrar los esfuerzos en la no menos complicada fase de reconstrucción, cuyos planes —¿reconstruirla fielmente o hacer algo nuevo?— siguen dividiendo a políticos, historiadores y arquitectos. ¿Y a la Iglesia? “Nosotros solo queremos poder volver a abrir la puerta lo antes posible”, suspira Finot.

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