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Cultura - 27.06.2019

La vida es sueño

EL nuevo disco de Thom Yorke, cantante de Radiohead, complementa un corto realizado con Paul Thomas Anderson

Si después de escuchar el nuevo disco del cantante de Radiohead, hace lo propio con el primero que editó en solitario, The Eraser (2006), verá las similitudes. Se parecen en el sonido y en el arte. Thom Yorke vuelve a trabajar con su amigo y productor, Nigel Godrich, y el mismo portadista, Stanley Donwood, dos colaboradores habituales del grupo madre. En realidad, si exceptuamos la banda sonora del remake de Suspiria que publicó el año pasado —en su mayor parte un score—, el resto de los trabajos de Thom Yorke ajenos a su grupo, (The Eraser, Tomorrow Modern Boxes, de 2014 y este Anima) comparten muchas cosas. Para empezar todos suenan a discos de Radiohead en los que sus compañeros de grupo han sido sustituidos por cacharrería electrónica. El músico inglés explica siempre que puede que estas producciones en solitario le resulten terapéuticas. Que, al contrario de lo que le pasa con Radiohead, el proceso de grabación es fácil y relajado. Aun así tienden a salirle atormentados. Transmiten esa visión catastrofista del mundo en la que parece que todo va a colapsar el martes que viene.

En The Eraser, publicado en los meses finales de la era Blair, Yorke estaba extremadamente enfadado con la clase dirigente de su país, que les había metido en la guerra de Irak, y teorizaba sobre la tiranía. Tomorrow… parecía girar sobre la confusión creada por la implantación de Internet y las nuevas tecnologías. Este Anima se anuncia como un complemento de un corto que ha filmado a medias para Netflix con otro colaborador de Radiohead, el realizador Paul Thomas Anderson. Al parecer (se estrena este jueves, al mismo tiempo que el álbum llega a las plataformas digitales. Mientras que el disco físico se publicará el 19 de julio) el corto es una distopía que gira sobre el sueño y su ausencia, una de las obsesiones recientes del cantante. Yorke contaba este jueves que dio tres conciertos seguidos el año pasado sin dormir y que no deja de leer Why we Sleep, del neurólogo Matthew Walker.

Musicalmente más liviano que sus predecesores, Anima, en el que Yorke ha incluido varias canciones que lleva años tocando en directo, es un compendio de muchas de las cosas que se llevan haciendo al menos una década en la electrónica adulta. Esa en la que la melodía manda sobre el ritmo, lo abstracto queda supeditado a estructuras cerradas, se puede también bailar bajito cerrando los ojos y gusta más a los mayores de 30 años. Muchas atmósferas, algunas épicas en exceso, muchos loops vocales, un poquito de dub, ambient cósmico a lo Jon Hopkins, ritmos a lo Four Tet, arreglos jazzísticos a lo Floating Points y estribillos que no lo parecen como los de Jamie XX o Caribou. Nada muy oscuro ni muy rítmico y con un Yorke muy contenido vocalmente. Es un disco que parece más pensado para el directo (léase festivales) que sus anteriores, y que entra fácil a no ser que uno sea un integrista de las guitarras.

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