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Cultura - 12.07.2019

La Semana Negra de Gijón premia a Carlos Bassas del Rey y Juan Sasturain

Los escritores ganan ‘ex aequo’ el Dashiell Hammett 2019 del festival literario. Nacho Carretero, galardonado por ‘En el corredor de la muerte’

El escritor español Carlos Bassas del Rey y el argentino Juan Sasturain han ganado ex aequo este viernes el premio Dashiell Hammett a la mejor novela negra escrita en castellano. El primero ha obtenido el galardón por Justo (Alrevés) y el segundo por El último Hammett (Alfaguara). La distinción es concedida anualmente en Gijón por la Asociación Internacional de Escritores Policiacos en el marco de la Semana Negra que la ciudad asturiana celebra cada verano desde 1988. Es la quinta vez en 32 ediciones que el máximo premio es compartido. El festival entrega cinco galardones y todos han recaído en hombres. En una única ocasión la máxima distinción la obtuvo una mujer.

De los dos triunfadores, únicamente Bassas del Rey ha acudido a Gijón (la organización atribuyó la ausencia de Sasturain a la “escasa ayuda” de las instituciones argentinas en la financiación del viaje). El autor barcelonés agradeció que se haya galardonado una obra que es “un breve poema” a su ciudad y un “homenaje” a la figura de su padre, “conocedor de las pequeñas historias presentes en cada esquina”. En la novela ganadora, el autor se remonta a la leyenda que establece que en cada generación de judíos nacen 36 hombres justos para definir al protagonista, un anciano irascible y vengativo que deambula “cabreado” por la capital catalana.

Bassas del Rey se toma el galardón como el “refrendo” público a una trayectoria que ha buscado introducir diferencias “estilísticas y literarias” en la tradición del género, en sus arquetipos, argumentos y personajes. El autor catalán explica que ha tratado de dibujar dentro de la literatura negra una suerte de “realismo poético sucio” que evite la primacía de las tramas y escrituras más clásicas.

Esas pretensiones están muy presentes en Justo, cuenta el autor. También en Soledad, su última novela, presentada en mayo. En la obra distinguida por el jurado de la Semana Negra, todos estos objetivos a los que alude Bassas del Rey se plasman en paralelo a la descripción de un peculiar retrato de la justicia, “no siempre correspondida en la ley”. Justo es un tipo de 75 años y con sus acciones Bassas del Rey ha buscado retratar esa concepción “fría” y “desapasionada”, “casi bíblica”, del trato con los demás, de los premios o castigos que debemos brindarles. “La justicia en caliente tiene dos problemas: por un lado, es una venganza; pero por otro también nos puede llevar a indultar alguien bondadoso que no ha hecho lo correcto”, sostiene el autor.

Bassas del Rey no teme que el homenaje que dedica a la Barcelona de los ochenta, una ciudad “desvanecida” en su memoria y “desaparecida” en la vida real, pueda acabar por presentarle bajo un perfil conservador. Es una posibilidad. Y no solo por las turbulencias políticas. No pocas veces ha ocurrido con escritores demasiado volcados en el recuerdo. Él, sin embargo, justifica su pasión por esa ciudad tan diferente de la actual en los recuerdos de su infancia. Y también en el esplendor literario que le han infundido sus literatos y cronistas, desde Juan Marsé hasta Eduardo Mendoza, de Vázquez Montalbán a González Ledesma.

Vuelta al premio y a su paso por Gijón, el autor solo le ve una pequeña “incomodidad” al galardón que acaba de obtener: el hecho de que entre los ganadores no hay apenas mujeres. Bassas del Rey reflexiona largo y tendido sobre esta cuestión, un ejercicio que da prueba de la molestia que le genera la situación. “Hay mujeres que incluso han sido parte del jurado aquí. Es un compendio de machismo y de micromachismos no explícitos lo que explica la situación. Haga autocrítica y en ocasiones pienso que no lucho lo suficiente. Creo que lo menos que podemos hacer es recordar que hay escritoras magníficas que sufren una situación de desigualdad”, señala el escritor.

El autor barcelonés y Sasturain se han impuesto a las otras dos finalistas de esta edición del certamen, la autora vasca Noelia Lorenzo Pino y la periodista salmantina Carme Chaparro. Lorenzo competía por el premio con Corazones negros (Erein), retrato de la sórdida concepción del sexo que encierra la prostitución, y Chaparro era finalista gracias a La química del odio (Plaza y Janés), ficción sobre una inspectora jefa de policía a cargo de la investigación del asesinato de una famosa mujer española.

El periodista de Nacho Carretero y su obra En el corredor de la muerte han logrado el premio Rodolfo Walsh, el segundo gran galardón que se concede en el certamen y que distingue a la mejor novela negra de no ficción. En su agradecimiento, el autor rememoró el arranque “hace ocho o nueve años” del proyecto, centrado en la historia de Pablo Ibar, un ciudadano español condenado a cadena perpetua en Estados Unidos como presunto autor de un triple asesinato en 1994. “Por desgracia para él [Pablo Ibar] y su familia, es esta una novela negra real”, señaló tras el fallo el escritor, que ha expresado en varias ocasiones que cree que Ibar es inocente del acto por el que llegó a permanecer 16 años (hasta 2016) a la espera de ser ejecutado.

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