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Cultura - 17.05.2019

Jeff Koons, el artista del 1% más rico

‘Rabbit’ convierte al escultor en el creador vivo más cotizado. El récord certifica la imparable expansión de un mercado multimillonario del que los museos están excluidos

Jeff Koons volvió a conquistar en la madrugada de ayer el trono del artista vivo más cotizado. Fue durante una subasta organizada por Christie’s en Nueva York. La escultura Rabbit (1986), una de sus piezas más célebres (y de su mejor época), fue adjudicada por 91,1 millones de dólares (81,3 millones de euros). Era el lote estrella de la noche dedicada al arte de posguerra y contemporáneo. La identidad del comprador, que se hallaba en la sala, se conoció horas después: el marchante de arte Robert Mnuchin, padre del actual secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin. Probablemente actuó en nombre de un cliente del que nada se sabe, más allá de su probada capacidad adquisitiva.

La noticia, sumada a la plusmarca de la noche anterior (Meules de Monet se convirtió en el cuadro impresionista más caro de la historia), generó una fuerte conmoción en el mundo del arte, que dejó un reguero de interrogantes: ¿La escalada de los precios del mercado no tiene fin? ¿Se ha convertido el coleccionismo en el pasatiempo definitivo del 1% de súper millonarios? ¿En qué lugar dejan estas cifras las posibilidades de los museos de incorporar nuevas piezas de creadores vivos de alto nivel?

El sector ha recibido con cierta sorpresa que el plusmarquista haya sido Koons, más proclive a acaparar titulares últimamente por acusaciones de plagio y polémicas como su intento de regalar una escultura, Bouquet of Tulips, a la ciudad de París que esta acabó rechazando. Y no es que sea un extraño en la cúspide del mercado del arte. El anterior récord para un artista vivo lo marcó con 90,3 millones de dólares en noviembre David Hockney con Retrato de un artista. Piscina con dos figuras. Entonces desbancó a… Koons, cuyo Balloon Dog (Orange) superó en 2013 los 58 millones.

Los grandes nombres nunca fallan, tampoco en época de crisis. El artista estadounidense es tomado por los analistas como un termómetro del mercado: cuando sus ventas están bien, todo marcha mejor. En 2014, por ejemplo, marcó un hito en sus ventas anuales, al sumar cerca de 180 millones de dólares en subastas. En los cuatro años de sequía y recesión que siguieron, no superó los 60 millones. Para la publicación especializada Artnet, la noticia de ayer corrobora su análisis de que 2018 fue el año en el que el mercado del arte contemporáneo volvió “con fuerza”.

Georgina Adam, periodista especializada en mercado del arte en The Art Newspaper y Financial Times, explica que parte de la razón del éxito de la pieza está en que proviene de la “famosa colección de Si Newhouse”, fundador y líder durante medio siglo del emporio de la comunicación Condé Nast, propietario de Vogue, New Yorker o Vanity Fair. Murió en 2017. “Un adorno tan rutilante y redondo como ese se ha convertido en un must have de los multimillonarios”. Adam añade otro motivo: la lentitud a la hora de producir de Koons, cuyo taller de Nueva York ha llegado a emplear más de un centenar de ayudantes (en 2017 registró una severa reducción de plantilla). Esa parsimonia genera gran ansiedad entre sus compradores. “Creo que quien lo ha adquirido ha visto la manera de obtener un koons directamente, ahorrándose varios pasos. Su trabajo captura el signo de los tiempos: sus obras han demostrado ser excelentes inversiones, no se compran fácilmente y son un anuncio para el propietario de que tiene dinero. Trofeos en toda regla”.

Esa condición hace que no abunden en los museos. La única institución española que expone un koons (dos, en realidad) es el Guggenheim de Bilbao. El museo encargó al artista, cuya carrera echó a andar a finales de los setenta en Nueva York y eclosionó durante la explosión del mercado del arte en la década siguiente, la que tal vez sea su obra más célebre: el gigantesco perrito hecho de flores llamado Puppy. Costó 1,2 millones de dólares. Juan Ignacio Vidarte, director del museo bilbaíno, daba ayer por hecho que el centro nunca podrá volver a comprar una pieza de Koons (la otra que tiene la colección pertenece a su serie de tulipanes de acero policromado). “A los museos, que obviamente no compramos como inversión, nos toca desde hace 15 años ver el mercado del arte con interés, pero como quien ve pasar algo inalcanzable. Hay mucho dinero y no está necesariamente en Occidente. Las fortunas rusas, chinas o árabes han trastocado las reglas del juego”.

Pura teoría económica

Son esas nuevas concentraciones de dinero las que indican que al boom del mercado le queda expansión por delante. “Por pura teoría económica, nada puede subir infinitamente”, explica Adam, “pero en este momento se da una circunstancia especial: la combinación de un número creciente de multimillonarios y la moda de las piezas-trofeo. Esa suma convierte el extremo superior del mercado en un acorazado a prueba de balas”.

A los dos hitos de esta semana, Koons y Monet, hay que añadir las cifras de Buffalo II, de Robert Rauschenberg, que se subastó en la madrugada de ayer por 88,8 millones de dólares, y de Spider, de Louise Bourgeois (32 millones). Ambas supusieron un récord para cada uno de los artistas y contribuyeron a suministrar un balón de oxígeno a Sotheby’s y Christie’s, las dos principales casas de subastas del mundo, que han cerrado dos noches con las que olvidar los malos tiempos. La primera está inmersa en un complicado proceso de renovación interna. La segunda arrastra el tropiezo del Salvator Mundi, que tras su venta (y tras convertirse con su adjudicación por 450 millones de dólares en la obra de arte más cara de todos los tiempos) no ha vuelto a salir a la luz pública, a la espera de que el Louvre certifique si es o no de Leonardo da Vinci. “Las dos casas necesitaban estos buenos resultados para refundarse. Ahora Christie’s vuelve a presentarse como un referente”, explica un asesor y coleccionista francés, que prefiere no desvelar su nombre.

Otra experta española en mercado de arte contemporáneo interpreta la simbiosis entre la casa de subastas y el artista como “un excelente lavado de imagen”. “Christie’s ha usado a un Koons débil, que estaba acosado por polémicas como la de París y lejos de sus plusmarcas, para relanzarlo y relanzarse”.

Hay una última derivada de la revancha de Koons, un artista que podría construirse un rascacielos con las reseñas negativas que ha acumulado en los últimos 30 años. ¿Significa eso que la crítica de arte ha perdido su influencia para aupar o hacer caer a este o aquel artista? Adam opina que sí: “Es preocupante esa pérdida de influencia. Lo peor sería que la gente creyera que esos grandes precios implican que esas piezas son importantes en la historia del arte. Solo el tiempo dirá”.

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