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Cultura - 11.05.2019

James Sallis, una oda al alma negra de EE UU

El escritor repasa la influencia del género negrocriminal en el subconsciente de su país y la relación del jazz con su escritura

James Sallis (Arkansas, 1944) habla con una calma extraña de la que emana una gran fuerza. Detrás de esa gorra –que se quita para las fotos– de esa cara poblada por una densa barba blanca de dos días, de esa mirada que invita a la charla está uno de los valores de la literatura estadounidense. Sus novelas son tristes pero su conversación es una oda al optimismo incluso en el ocaso de la vida. Profesor casi antes que cualquier cosa, Sallis acudió a finales de marzo al Quais du Polar de Lyon para dar dos clases magistrales. Una, sobre su escritura; la otra, sobre el jazz, su otra gran pasión, acompañado de Michael Connelly.

“Yo estaba haciendo ciencia ficción y poesía. No tenía ni idea de que iba a escribir novela negra. Pero me crucé con estos autores enormes y el impacto fue muy fuerte. No sabía lo que estaba haciendo pero lo disfrutaba más que nada. Escribí un relato corto sobre Lew Griffin, lo aparqué 20 años y cuando volví a ello todo fue ya muy rápido, todavía lo disfruto”, cuenta a en un café de la Place de la Bourse, una tarde soleada de viernes, para explicar la génesis de su detective emblemático y, sobre todo, su feliz encuentro con la obra de Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Jim Thompson en un apartamento de Londres, en los años sesenta, un hallazgo que cambió para siempre su vida de escritor.

Dueño de una extensa obra, Sallis se hizo sitio en la literatura estadounidense con las seis novelas de Lew Griffin, un detective negro, letraherido y alcohólico, violento, obsesionado con la pérdida, un ser complejo que se mueve por las sombras de Nueva Orleans entre literatura y muerte. “Yo quería que el lector viera cómo se podía identificar con un hombre que ha hecho cosas horribles y que lucha por alejar el mal de su vida. Es un personaje triste. La depresión ha estado siempre presente en mi familia, pero no importa porque la actitud lo hace todo”, reflexiona antes de sumirse en un silencio breve y denso, cargado de significado, el único en más de una hora de conversación.

“La novela negra es parte esencial de la literatura estadounidense del último siglo”, arguye con vehemencia un profesor que no deja a sus alumnos hablar de géneros, “solo de buena literatura”, y que cita con pasión a James Goodies, George Pelecanos o Daniel Woodrell. Con su tono didáctico, el mismo que usa en sus estudios sobre el género o en su biografía de Chester Himes, Sallis nos propone un viaje evolutivo que termina en la actualidad: “Después de la II Guerra Mundial, las revistas y los medios vendían esa América del paraíso, esa América que ha salvado el mundo. Teníamos grandes frigoríficos, tiendas magníficas, las mujeres vestían de manera maravillosa pero las novelas de Thompson o Goodies dicen, no, esto no es así, esta no es la América real. Y esos libros se vendían en gasolineras y estaciones de autobuses y los leía gente trabajadora, que no tenían formación pero que se reconocían, que decían ‘este es el mundo en el que yo vivo’, es duro y cruel. Y esta es la gran atracción del hard boiled, que trata de contar la verdad que se ocultaba, nos ayuda a entender lo que está pasando, los males de la sociedad y esa clave dura hasta ahora”.

“El racismo es el gran pecado de EE UU”, responde un autor que tiene a Himes y Walter Mosley en su altar de divinidades literarias cuando se le pregunta por los conflictos que está llamado a explicar el género hoy. “Se ha roto la barrera de la civilidad. Ahora, después de mucho tiempo, se dicen cosas que antes no se podían decir. Quizás no haya solución”, remata, sin rastro de optimismo.

Sallis no ve la vida y la escritura sin el jazz. Autor de antologías de referencia sobre el uso de la guitarra, su escritura está muy influida por ese factor de improvisación que arranca a partir de ciertos elementos. “Nunca sé lo que va a pasar. Solo cuando la historia está muy avanzada tengo una idea”, cuenta antes de acotar su verdadero campo de interés musical, la tradición del blues temprano, cómo llegan los sonidos de raíces africanas a convertirse en jazz y cómo evolucionan a partir de ahí, “muy pronto, mucho antes de la explosión del be bop”. 

Gracias al cine, Drive y su secuela Driven le dieron fama más allá de la literatura. Sallis, que ama la película protagonizada por Ryan Gosling, reconoce que la historia de redención de su personaje lo interpela y que uno nunca es tan feliz como cuando está haciendo aquello para lo que de verdad es bueno. “Gide comparaba la literatura detectivesca con la búsqueda de un sombrero negro en una habitación a oscuras. Exactamente igual que la vida, ¿verdad? Yo, cada día, estoy un poco más cerca”, reflexiona. ¿Cuánto? “Obviamente, no lo suficiente. Por eso sigo buscando. Es la grandeza de la vida. Tienes planes pero no llegas al final, porque de eso se trata. Si escribiera la novela perfecta…”

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