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Cultura - 10.06.2019

El turista 1.999.999

John Lennon, el gurú libidinoso y la isla de Mallorca

Supongo que pocos lectores reconocerán en el titular de hoy una canción. Una canción festivalera, stricto sensu: fue grabada por Cristina y Los Stop para el Festival Internacional de la Canción de Palma de Mallorca. El argumento: la frustración del citado turista 1.999.999, que –debido a sus prisas— se pierde el honor de ser celebrado como el visitante número 2.000.000 , aunque termina feliz ya que, bendita sea, “Palma le ofreció su mundo de sol/ su mundo de amor”.

Musicalmente, aquel tema era un horror, aunque nadie debería menospreciar el titánico esfuerzo de los implicados: digan el título en voz alta e intenten musicarlo (y no digo ya cantarlo). Ya puestos, imaginen que cualquiera de los dos viajeros fuera John Lennon. Aseguran en Mallorca que viajó con cierta frecuencia a la isla balear cuando existían los Beatles e incluso cuando ya se había roto el grupo.

Habrán visto el cortometraje Kyoko, que narra un incidente ocurrido en 1971: el intento de rapto de Kyoko, la hija de Yoko Ono con su segundo marido, Anthony Cox. Todo muy raro: ciertamente, John y Yoko se llevaron a la niña sin avisar a su padre pero ni huyeron ni se escondieron. Cox tenía serias dudas respecto a los instintos maternales de Yoko y denunció el hecho; la pareja fue detenida en el Hotel Melià de Palma y el asunto terminó en el juzgado de Manacor, donde habían “secuestrado” a la criatura. En Kyoko, la historia se narra a través de los testimonios de un locutor de la radio musical, la recepcionista del hotel, un detective, un abogado, un policía, un fotógrafo y la musicóloga Bàrbara Duran.

Esta última acaba de publicar un librito fascinante, Vaig veure John Lennon (Lleonard Muntaner Editor). A partir de aquel extraño suceso, Duran amplia el foco y retrata un episodio poco conocido de la presencia extranjera en Mallorca: durante tres años, aproximadamente entre 1969 y 1971, allí se reunían centenares de adeptos y aspirantes a los secretos de la Meditación Transcendental. Aprovechando la temporada baja invernal, ocupaban varios hoteles de Cales de Mallorca y zonas adyacentes. No eran necesariamente hippies: abundaba los millonarios alemanes, aunque también acudían miembros de los Beach Boys (Mike Love, Al Jardine), el cantautor Donovan y…¿John Lennon?

Atención: eso rompe el consenso de los biógrafos sobre la relación entre Lennon y el Maharishi Mahesh Yogui. John denunció al personaje en el tema Sexy Sadie (1968), en cuya letra original insultaba con crudeza al santón tras llegar a sus oídos los rumores sobre un supuesto acoso sexual a la actriz Mia Farrow. Aquí se cuenta que, con posterioridad, Lennon siguió los diferentes cursos del gurú, con el deseo de lograr levitar. ¿Uh?

Tengo mis dudas. Uno de los testigos de Bàrbara Duran es un discípulo mallorquín que también insiste en que pocos vecinos conocían entonces a los Beatles, debido a que –según él- en España se prohibía la circulación de revistas extranjeras: “cuando los turistas llegaban, debían dejar toda la prensa en el avión”. Caramba, puede que eso sucediera en Mallorca pero, durante los años 60, en la península encontrabas abundantes publicaciones foráneas, incluyendo las musicales, en los quioscos mejor surtidos.

El presunto rapto de Kyoko atrajo a los medios internacionales y, tal vez, eso explique que, en 1972, el Maharishi Mahesh Yogui y sus seguidores se trasladaran a Fiuggi, en la Italia central. De principio, nada tenían que ocultar: no se comportaban como una secta y sus actos estaban abiertos a los residentes curiosos. En general, los nativos guardaban las distancias y solo se permitían bromas privadas, como apodar El Mariachi al maestro indio. Que resultó ser un director espiritual de la escuela neoliberal: un hombre despiadado que responsabilizaba a los pobres de su condición y terminó rebautizando su organización como la Maharishi University of Management.

¿Dejó huella Lennon en Mallorca? Escasa, aparte del grupo indie llamado precisamente Sexy Sadie. Bàrbara Duran sugiere otra influencia: a través de aquellos cursillos, algunos forasteros descubrieron la belleza tranquila de la isla. Terminaron comprando las propiedades de payeses ansiosos de mudarse a la ciudad, iniciando aventuras como la de Rotana, junto a Manacor, una comuna hippy que derivó en hotel de lujo. Y si alguien se permite ironizar sobre su evolución, los veteranos simplemente comparan su impecable estado actual con el desarrollo salvaje que triunfó en Ibiza.

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