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Cultura - 21.05.2019

El teatro catalán triunfa en la gala más castellana de los Premios Max

‘La ternura’, de Alfredo Sanzol, se ha consagrado como mejor espectáculo del año y Concha Velasco ha recibido el galardón de honor

El teatro catalán ha sido uno de los grandes triunfadores de la 22ª edición de los Premios Max de las Artes Escénicas, celebrados esta noche en el Teatro Calderón de Valladolid, en un escenario que simulaba un trigal castellano. De los 22 galardones entregados, siete se los han llevado producciones catalanas, en una noche en la que La ternura, de Alfredo Sanzol, ha sido distinguido como mejor espectáculo teatral del año y Concha Velasco ha recibido el Premio de Honor por toda su carrera.

Los premios han estado muy repartidos y ningún espectáculo ha destacado especialmente. Cuatro han logrado dos galardones. Grito pelao, de Rocío Molina, ha logrado el de mejor espectáculo de danza y mejor composición musical (firmada por Sílvia Pérez Cruz). A.K.A (Also Known As), el de mejor autoría revelación (Daniel J. Meyer) y mejor actor protagonista (Albert Salazar). Temps sálvate, mejor autoría teatral (Josep Maria Miró i Coromina) y mejor dirección de teatro (Xavier Albertí). Por último, Iphigenia en Vallecas ha conseguido el de mejor actriz protagonista (María Hervás) y mejor espectáculo revelación.

La velada se ha caracterizado por la moderación en los discursos, tanto en emoción como en duración, incluido el de Concha Velasco, que ha recibido un cálido aplauso en su tierra pero que no se ha extendido demasiado en su agradecimiento. Quizá por exigencias del guion. «Me ha costado muchos años que me dieseis este premio, no sé por qué, seguramente porque no me lo merecía», ha bromeado.

Más entusiasta ha sido María Hervás, posiblemente la que más ha hablado y llorado en sus dos intervenciones. Hervás es una intérprete en claro ascenso: al reconocimiento que ha logrado con este trabajo suma ahora el éxito de público y crítica que está logrando con su trabajo en Jauría, montaje basado en el juicio a La Manada.

Los colores oro y azul, espigas de trigo y llanuras infinitas, jotas y dulzainas, gigantes y cabezudos han dominado una gala de claro sabor castellano que se ha desarrollado a buen ritmo bajo el lema La fiesta de la libertad. La poética mano de la directora Ana Zamora, especialista en teatro clásico y renacentista, se ha dejado notar a lo largo de toda la ceremonia, salpicada con bellos textos en torno a la libertad de Cervantes, Gil Vicente, Calderón, Lorca, María Zambrano o Juan Mayorga y las actuaciones musicales de Sílvia Pérez Cruz, Amancio Prada y Eliseo Parra, entre otros. El actor vallisoletano Fernando Cayo ha ejercido de maestro de ceremonias.

La representación institucional ha sido escasa. Ha asistido el alcalde de Valladolid, el socialista Óscar Puente. El ministro de Cultura, José Guirao, y la directora general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, Amaya de Miguel, se excusaron por encontrarse en Barcelona. Tampoco han asistido representantes de partidos políticos de ámbito nacional, seguramente absorbidos por la campaña electoral.

El discurso de Ana Graciani, presidenta de la Fundación SGAE, parecía reflejar la decepción de la profesión. “Es el momento de exigir una política cultural de Estado para la promoción de las artes escénicas. (…) Queremos también que el teatro y la danza se implanten como asignaturas curriculares en nuestras escuelas como ya ocurre en países del entorno. (…) Y pedimos un esfuerzo aún mayor por la danza, presencia cada vez más mermada en las programaciones en los teatros”, ha dicho Graciani, que además ha anunciado la próxima creación del Premio Ana Diosdado para dramaturgas. “Es un reflejo del compromiso de la SGAE por la igualdad. Según un estudio de la Fundación SGAE y la asociación Clásicas y Modernas, solo el 18% de las obras estrenadas el último año fueron escritas por autoras y el 22% dirigidas por mujeres”, ha subrayado.

También ha intervenido la presidenta de la SGAE, Pilar Jurado, con un discurso con el que ha querido recobrar la confianza perdida en los últimos años. “Quiero compartir con vosotros la ilusión de una nueva SGAE que está solucionando sus problemas. La situación ha cambiado. Hemos hecho los deberes y construyendo una SGAE transparente, limpia, de la que podamos estar todos orgullosos”, ha asegurado Jurado.

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