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Cultura - 1 semana ago

El linchamiento de Hipatia, una astrónoma genial

inicia el domingo, 10 de marzo, una colección dedicada a grandes mujeres de la historia

“Había una mujer en Alejandría”, así comienza uno de los escritos dedicados a Hipatia que han llegado hasta nosotros. Esas palabras, escritas por el historiador Sócrates de Constantinopla, la definen también como la mejor de todos los científicos de su tiempo. Fue astrónoma, matemática y una maestra excepcional. Era tan famosa en su tiempo que sus discípulos llegaban a Alejandría desde todos los puntos del mundo griego para escucharla y seguir sus enseñanzas. Y es que esas enseñanzas tenían un punto revolucionario. Mientras una gran parte de los científicos de su época creía que nuestro planeta era el centro del universo, la corriente científica que ella seguía defendía que el centro del cosmos era el Sol.

No se trataba de un simple cambio de perspectiva. Defender que uno u otro objeto celeste fuera el centro significaba un total posicionamiento científico y religioso. Porque la religión, también entonces, intentaba definirlo todo. Los cristianos, que comenzaban a ganar poder e influencia, eran los que querían la Tierra en el centro porque así podían explicar sus creencias. Hipatia, que no era cristiana, además se había convertido en la referencia moral de su ciudad, una mujer sabia y prudente a la que los políticos municipales consultaban con frecuencia. Todo eso la convirtió en el objeto de la ira de los cristianos. Y tanta ira acabó en su linchamiento.

En el mes de marzo del año 415 un grupo de cristianos espoleados por el obispo Cirilo secuestró a Hipatia. Las descripciones que existen de su posterior asesinato difieren en algunos de los extremos más gore pero tienen varios puntos en común que nos permiten suponer que esas descripciones son reales. La primera es que antes de matarla la desnudaron. Hay una razón para ello: dejar claro que era una mujer a la que se estaba castigando. No a un sabio, no a un político, no a un maestro, no a un hereje: a una mujer. El otro punto en común es que tras asesinarla quemaron sus restos, más o menos despiezados según la crónica que sigamos. Y esa es otra de las imágenes que persigue desde hace cientos de años a las mujeres que se atreven a salirse de la norma: la hoguera.

Su enorme calidad científica unida a las repercusiones de su truculento asesinato la convirtieron en un mito. Y como mito ha protagonizado novelas, obras de teatro, pinturas y películas, como Ágora, la cinta que dirigió Alejandro Amenábar en 2009 y que narra su portentosa vida y su dramática muerte. 

Victoria Toro es consultora de comunicación científica y una de las autoras de la colección ‘Mujeres en la historia’.

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