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Cultura - 11.07.2019

El español, lengua en auge en el Reino Unido

Dos informes del British Council y el Cervantes lo destacan frente al francés y el alemán, cuyos estudiantes descienden casi un 30% en cinco años

La preferencia del español como lengua extranjera es dominante desde hace décadas en países como Estados Unidos y Brasil. Pero no lo era tanto en el Reino Unido. Pese a que los vientos de Brexit agudizan un preocupante aislamiento y desinterés por otras culturas, el último informe Language Trends del British Council (BC), así como en lo referente a El español en el mundo del Instituto Cervantes (IC)en su edición de 2019, recogen su resistencia frente a otras lenguas en la isla, donde el castellano se convertirá en 2020 en la lengua preferida por los estudiantes, superando al francés, según las proyecciones del BC.

La tendencia que apunta en esta dirección es clara, aunque dentro del panorama desolador: el número de estudiantes británicos de primaria y secundaria que estudian español ha descendido el 2% en los últimos cinco años (hasta los 88.022), frente a una bajada de casi el 30% de los de francés (117.046) y alemán (42.296). Es algo que se examinará, junto a otros asuntos, en el curso de verano del Cervantes que tiene lugar desde este jueves en la sede de Madrid. 

Las cifras salen del informe del BC, que incluye un estudio con profesores y alumnos de enseñanza primaria y secundaria. La dureza de los exámenes es un factor de desafección, pero a los profesores les preocupa incluso más que en los colegios de menos recursos las propias familias desaconsejan a sus hijos estudiar idiomas. También que la caída resulta dramática. Para pruebas como su General Certificate of Secundary Education (GCSE), la opción de examinarse en lengua extranjera ha descendido un 19% desde 2014. Entre todas, la que mayor falta de interés genera es el alemán, con un 16% menos.

Lo que llama la atención en el informe del British Council, pese a la obligada frialdad que requiere el análisis de las cifras, es su dramatismo. Parece más una llamada de socorro que un análisis. “El Brexit amenaza con ampliar las divisiones socio económicas y académicas. Un 25% de profesores en centros estatales de secundaria y un 15% de centros privados dan cuenta de un impacto negativo en los alumnos acerca de la motivación para aprender una lengua europea o extranjera en general”.

Aun así, ya van armándose soluciones para un problema que viene de lejos, como apunta Mark Levy, responsable de programas de inglés en el BC de Madrid. “Surge de no dar prioridad a los idiomas en un currículo ya por sí muy lleno, con cada vez menos profesores formados en la enseñanza de idiomas, con menos intercambios internacionales y con exámenes externos de idiomas que son vistos como más difíciles que otras asignaturas”, asegura.

Según el informe, todo esto parece afectar especialmente a la oferta y elección de lenguas en los alumnos con más dificultades académicas. Pero, tal como apunta Levy, “ya existe una reacción importante por parte del British Council y el British Academy que ha llevado a que una comisión parlamentaria lidere una iniciativa para establecer una estrategia nacional con el fin de apoyar el aprendizaje de idiomas”. Dentro de los objetivos de la misma está que el Gobierno consiga que 95% de los alumnos se examinen de algún idioma en 2025 dentro del GCSE. ¿Demasiado optimismo?

En medio de la penuria de un país que elige aumentar su aislamiento, el Instituto Cervantes no quiere desaprovechar la paradójica oportunidad. Ya en 2013 y 2017, el BC apostaba por el español como la lengua del futuro junto al inglés. Este aguante en mitad del desplome puede avivarse. “Pese a que temimos que el Brexit hiciera descender el número de matrículas en nuestros centros, curiosamente han aumentado”, asegura Francisco Oda, responsable del Cervantes en Manchester. En Londres el incremento, según Ignacio Peyró, su director, “es del 10% al año desde 2017”.

El año 2020 es la fecha en la que el BC cree que el español superará al francés en número de preferencias. Ya había desbancado al alemán en 2008. En 2017, los alumnos de secundaria que se examinaron de francés fueron 8.300 —13.000 menos que en 1997— y a la prueba de español concurrieron 7.600, con una línea creciente desde 2010. Los datos del último informe inciden en que el declive del alemán y el francés frente al aumento del español es una tendencia clara desde hace dos décadas. En primaria se ha pasado del 16% de escuelas en 2012 al 27% que lo enseñaron en el curso 2016-2017. Y en secundaria del 53% en 2007 al 70% actual en el sistema público y en un 89% de los centros privados, según el Lenguaje Trends de 2018.

El efecto contagio en el área anglosajona influye. “En nuestros centros estudian español aquellos que mantienen relaciones empresariales y laborales con Estados Unidos y los países hispanohablantes”, asegura Peyró. “Crece la simpatía. También la sensación de que es más fácil y el hecho de ser una lengua que se usa por la afluencia turística a España”, comenta el director de Londres.

Lo dice consciente de que Londres representa un ejemplo aparte en el Reino Unido. “En la capital existe una conciencia global más marcada que en el resto del país”. A eso también se une que la metrópoli no se cuenta entre las mayoritarias de los partidarios del Brexit. Se mire como se mire, el panorama para el castellano ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. De la práctica inexistencia en los años setenta, ha escalado en prestigio dentro de la sociedad británica hasta colocarse en el centro de las preferencias para ellos.

Pero la tendencia de los más jóvenes, es decir, de quienes son objeto del último y alarmante estudio del British Council, no resulta halagüeña para los idiomas extranjeros en general y mucho menos para un país que tiende a meterse dentro de la estrategia del caracol.

“El informe revela un descenso en los niveles de actividades internacionales en primaria y secundaria. En el primer caso, la mitad de las escuelas no ofrecen ninguna. El número de escuelas secundarias estatales ha reducido su oferta extranjera un cinco por ciento en el último año. Solo un 25% facilita intercambios internacionales frente al 48% de los privados”. Teresa Tinsley, encargada del informe, concluye: “Estas deficiencias no son buenas para nuestra sociedad ni para el futuro de nuestro país”.

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