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Cultura - 16.05.2019

El conejo de acero inoxidable hace a Jeff Koons el artista vivo más caro: 81 millones

Christie’s vende una obra señera del polémico y cuestionado escultor, que ha llegado a decir de ‘Rabbit’ que permite que «el público se pierda en el acto de la masturbación”

La venta del conejo de acero inoxidable estaba estimada en un precio máximo de 62 millones de euros, pero la subasta celebrada en la sala de Christie’s en Nueva York, la noche del miércoles, llevó la pieza hasta los 81,3 millones de euros. La reluciente escultura de poco más de un metro de altura se ha convertido en la obra de arte más cara de un artista vivo, el polémico y cuestionado Jeff Koons. Ha superado en casi un millón de euros la marca que estableció el pasado noviembre, en la misma sala, la pintura Retrato de un artista (grupo de dos figuras), de David Hockney, por la que pagaron 80,5 millones de euros. El veterano pintor británico arrebató en aquella ocasión el primer puesto a Koons, que entonces lo ostentaba por la venta en 2013 de Balloon Dog (Orange) por 52,1 millones.

El cierre de la subasta supone un alivio para el mercado del escultor norteamericano, que se encontraba en plena devaluación de sus precios. Desde 2014, el más alto pagado en subasta por una de sus esculturas fue de 20,3 millones de euros (según ArtNet). Rabbit (1986) abandona la colección que la familia del editor S. I. Newhouse Jr ha puesto a la venta, tras su fallecimiento en 2017. El magnate lo compró en 1992 por cerca de un millón de euros. Era una serie de tres (y esta es la única en manos privadas). El marchante Bob Mnuchin –padre del Secretario del Tesoro de los EE UU, Steve Mnuchin– la ha adquirido en nombre de un cliente.

¿Espectáculo o reflexión?

Para Alex Rotter, responsable del área dedicada al arte de posguerra y contemporáneo en la casa Christie’s, la pieza de Koons supone la muerte de la escultura y la antítesis de la perfección humana creada por Miguel Ángel, durante el Renacimiento. La escultura representa lo que es impensable en Buonarroti: es irónica, es popular, no es pura ni espiritual, ni ennoblece, ni procura desvelar la verdad. Ni siquiera parece que atienda a la antigua preocupación por la belleza que pretendía reconciliar forma y asunto. Lo de Koons es más perversión, subversión, diversión y, sobre todo, espectáculo. El arte como comunicación –cercana a la publicidad–, no como revelación. Tampoco está labrada con cincel en el mármol más puro de las canteras de Carrara, lo ha hecho una máquina que recibe órdenes de un ordenador para tallar el conejo, que simula ser un globo hinchado.

“No confirma ni niega ninguna de las conclusiones que se puedan extraer. Es su capacidad para dejar estas ideas pendientes lo que le otorga el poder alcanzado con la condición de la que disfruta hoy”, ha escrito Rotter sobre Rabbit para su venta en Christie’s. El experto de la casa de subastas lo define como alto, dulce, pop, “se trata sobre el sexo y la muerte, el gusto y la clase”. Por eso cree que “explora el papel del artista en el mundo moderno” y el propio lugar del espectador… que se ve reflejado en su piel de acero. “Rabbit revela la capacidad de Koons para crear obras de arte que lanzan mil pensamientos”, remata.

Una «masturbación» pop

El propio artista ha comentado sobre esta pieza que es el símbolo de un líder y de un orador. Su conejo es la consumación pop: “Veo que el arte pop alimenta a las personas con un diálogo en el que pueden participar. En lugar de que el artista se pierda en este acto masturbatorio del subjetivo, el artista deja que el público se pierda en el acto de la masturbación”, dijo Koons sobre Rabbit, a los pocos años de crearlo. Quedaba inaugurado el arte populista.

Koons ha explicado alguna vez que su encuentro con Salvador Dalí le hizo ver la luz. Tenía 18 años, lo conoció en Nueva York, lo recibió en su hotel. “Fue puntual y estaba vestido de manera impecable, con su abrigo de piel de búfalo y su corbata con diamantes incrustados”. Reconoce que salió de la exposición que presentaba diciendo: “Yo puedo hacer esto, yo puedo ser la vanguardia del arte”. Luego llegarían las esculturas con su mujer Ilona Staller, Cicciolina o Michael Jackson y su mono, además de langostas hinchables que cuestionan la vigencia del buen gusto. Nadie como Jeff Koons —ni siquiera Damien Hirst— ha logrado llevar la guerra fría entre el mercado y la historia del arte a estos niveles.

En la misma jornada se pusieron a la venta varias obras de Louise Bourgeois, entre ellas una Araña (de 1997) vendida por 28,5 millones de euros, que supone el récord de la artista y el segundo precio más alto pagado en una subasta por una obra de una mujer.

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