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Cultura - 6 días ago

El anhelo de otros mundos

El filme no plantea ni un discurso nostálgico, ni uno revanchista en torno a la memoria de esa Movida que para algunos sigue siendo paraíso perdido y, para otros, impostura

Junto a un casticismo barnizado de modernidad, el imaginario de la Movida madrileña estuvo también regido por una cierta sed de exotismo, que bien podría quedar sintetizada en el estribillo de la canción Groenlandia de los Zombies: “Y yo te buscaré en Groenlandia, / en Perú, en el Tibet, / en Japón, en la isla de Pascua”. Cuando Fabio, el protagonista de El viaje a Kioto, un músico madrileño que alcanzó la gloria en los 80, presenta durante un concierto el tema más recordado de su repertorio –precisamente, el que da título a la película- lo define como una canción sobre el anhelo de otros mundos, el deseo de alcanzar lo que está fuera de nuestras vidas. El depauperado presente de Fabio, con amenaza de embargo y un parco número de entradas vendidas, deja claro que esas vidas posibles ni se rozaron con la punta de los dedos.

El viaje a Kioto de Pablo Llorca no plantea ni un discurso nostálgico, ni uno revanchista en torno a la memoria de esa Movida que para algunos sigue siendo paraíso perdido y, para otros, impostura. El último largometraje de Llorca es una pieza más dentro de esa comedia humana que el cineasta sigue construyendo con tanta perseverancia como despreocupación estilística. El plano final, en el que dos figuras antitéticas –el músico en decadencia y el ejecutor del embargo- aparecen unidas en la evocación de sus respectivas vidas no vividas, sintetiza el sentido último de un trabajo en el que se habla de la fragilidad de las concepciones de éxito y fracaso, mediante el contraste entre un cotizado artista plástico y un intérprete al que actuar le acaba costando el poco dinero que tiene. Sería una lástima que la austeridad expresiva del director disuadiese a los espectadores de descubrir las afiladas ideas que encierra esta miniatura.

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