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Cultura - 16.05.2019

‘Bacurau’, la distopía brasileña contra el Gobierno de Bolsonaro

Kleber Mendonça Filho, director de ‘Doña Clara (Aquarius)’, esconde en un wéstern su militante visión de un país vendido a los Estados Unidos

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Cuando en 2016 el brasileño Kleber Mendonça Filho trajo a Cannes Doña Clara (Aquarius), el cineasta y su equipo aprovecharon la alfombra roja para protestar contra la situación política en su país y lo que ellos calificaron como «golpe de estado» contra la presidenta Dilma Rousseff. «Me siento muy orgulloso de lo que hice entonces», recordaba esta mañana ante la prensa en la presentación de Bacurau, una extraordinaria distopía, un wéstern que se desarrolla en el Sertao, la zona al norte de Brasil que tan pocas veces aparece en el cine. Allí un grupo de estadounidenses se dedica con alegría a una cinegética especial: la caza humana. Lo que no intuyen es que los lugareños, ayudados por un alucinógeno, van a plantar cara. Bacurau, pueblo que en realidad no existe y un término que se refiere a un pájaro brasileño, a alguien que sale solo de noche o de piel negra, habla de la rebelión ante las autoridades, de la violencia contra el colectivo LGTBI –uno de los actores, el transexual Silvero Pereira, ha aprovechado la rueda para subrayarlo–, del creciente poder femenino. Como una cebolla, las capas de la película van desde el mero entretenimiento hasta el incisivo drama político.

Mendonça, que codirige aquí con Juliano Dornelles, más conocido por su labor como diseñador de producción, lleva con el guion desde 2009. «Entre medias se metieron otras películas. Pero después del estreno de Doña Clara (Aquarius) decidimos acelerar el proceso», aclara. «No considero Bacurau un análisis científico de cómo estamos en Brasil y hacia dónde vamos. Sin embargo, sí creo que refleja los sentimientos que nos invaden». En cambio, Dornelles sí sonó más directo: «Esta distopía puede recordar al Brasil de hoy en muchos aspectos».

Sin embargo, Mendonça sí habló después sobre el mensaje de resistencia ante la opresión que desprende Bacurau y su posible paralelismo con el Brasil actual: «En una democracia los ciudadanos no deben de perder de vista los principios, aunque gobiernen otros La educación es fundamental en ese aspecto.  En realidad, la actualidad ha acabado alcanzado a nuestro filme: el Brasil de hoy parece una distopía». Los continuos recortes del Gobierno de Jair Bolsonaro han elevado el tono del discurso del director: «No podemos aceptar como algo normal que se recorte un 30% el presupuesto a la educación superior». Su presencia en Cannes coincide con las manifestaciones contra estos recortes: «Queremos expresar nuestro dolor ante lo que está ocurriendo y nos sentimos parte de este movimiento», ha añadido.

Durante el rodaje de Bacurau, el Gobierno reclamó a Mendonça que devolviera parte de las ayudas recibidas, 2,2 millones de reales para la producción de Doña Clara: «Y justo cuando se anunció que veníamos a Cannes volvieron a sacar el tema en la prensa. No es una coincidencia», afirmó antes de explicar que sus abogados están recurriendo la devolución.

Los últimos minutos los dedicó a reflexionar sobre cultura: «Aquí en Cannes hay tres películas brasileñas en distintas secciones, y coincide con el ataque [del Gobierno] para esconder la cultura que hacemos los artistas brasileños». Según el director, el Gobierno solo apuesta por el «entretenimiento». «Es bueno que esta cultura vea la luz del día. Esta lucha es una de las razones por las que anoche lloré en la gala».

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